Se conmemora hoy el Día de la Mujer Paraguaya, en honor a aquellas «Residentas» que en 1867 marcaron un hito de soberanía y sacrificio. Más allá del festejo, la fecha invita a reflexionar sobre el protagonismo femenino en los cimientos de la República.
Cada 24 de febrero, el Paraguay se detiene para mirar su propia historia y reconocer que, sin la fuerza de sus mujeres, el país hoy sería apenas un recuerdo en los libros de geografía. Esta fecha no fue elegida al azar; conmemora la Primera Asamblea de Mujeres Americanas, realizada en la Plaza de Mayo de Asunción en 1867, en pleno fragor de la Guerra contra la Triple Alianza.
En aquel encuentro, las mujeres paraguayas decidieron entregar sus joyas y pertenencias para financiar la defensa de la patria, un gesto que las convirtió para siempre en «Las Residentas». Históricamente, la mujer paraguaya ha cargado con el peso de la reconstrucción nacional. Tras la guerra, fueron ellas quienes labraron la tierra, levantaron los hogares y mantuvieron viva la lengua guaraní y la cultura.
Sin embargo, el 24 de febrero no solo celebra ese pasado heroico, sino que pone el foco en los desafíos actuales. Hoy, las mujeres lideran gran parte de las micro, pequeñas y medianas empresas en el país. Como lo hemos visto en diversos análisis, la mujer está ganando espacios en roles que antes eran exclusivos para hombres, desde la administración naviera hasta la tripulación.
La fecha sigue siendo un recordatorio de las brechas salariales y la lucha constante contra la violencia de género, una deuda pendiente del Estado paraguayo. «La mujer paraguaya es la más valiosa de América», decía el Papa Francisco, citando una verdad que el paraguayo siente en cada rincón del país: la mujer es el eje central de la familia y de la economía real.
Hoy, el homenaje se extiende desde la artesana que mantiene vivo el ñandutí hasta la profesional que opera en los puertos o dirige grandes corporaciones. La mujer paraguaya ya no solo «resiste», sino que propone, construye y lidera. En este 24 de febrero, la conmemoración va más allá de un ramo de flores ; es un reconocimiento a la garra guaraní que, con rostro de mujer, sigue siendo el motor principal de esta nación.

