A fines de marzo, la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos (FPAA) promovió un foro internacional focalizado en el 5º centenario de Asunción (15.08.2037). Participé en el panel Asunción: Desafíos y Oportunidades, invitada a responder la pregunta sobre los modelos de gestión más efectivos para el desarrollo sostenible del CHA.
El CHA no es una isla
Cualquier propuesta que suponga la autonomía territorial del CHA tendrá el mismo destino de todas las formuladas desde 1991: engrosar los documentos que fungen de antecedentes para cada nuevo intento de revitalización, recuperación, regeneración, reactivación – según la estrategia seleccionada – del área fundacional asuncena, que es parte de una ciudad en sostenido proceso de deterioro sociodemográfico, físico, institucional, cultural, sin señales de cambio.
Asunción es un sistema desregulado, a la merced de poderes fácticos que la desangran, bajo el seudónimo o la máscara de “desarrolladores”, amparados por el gobierno local; es un territorio sujeto a iniciativas y proyectos sectoriales descoordinados, descontextualizados, agresivamente especulativos e indiferentes a los reclamos vecinales, sistemáticamente desoídos.
Un modelo de gestión efectivo para el CHA dependerá de la superación de los factores que agobian a la capital y han inducido la pérdida del área que, hasta la década de 1980, era su indiscutido centro cívico, económico, cultural e institucional.
Se cita algunos de los condicionantes que habría que revertir si se espera conmemorar dignamente el 5º centenario y replicar la memorable experiencia del Bicentenario de la Independencia patria.
Condicionantes sociodemográficos y económicos
Asunción y el CHA sufren una marcada involución demográfica. Además de perder residentes, la población capitalina está envejecida.
En 2022, la ciudad registró la pérdida del 8% de su población con respecto a 1992: pasó de 500.938 a 462.241 habitantes. En el mismo lapso, el CHA perdió el 72% de los residentes.
La Edad Mediana (EM) del país y de Central es de 29 años; la de los asuncenos es de 33. El Índice de Envejecimiento (IE) alcanza los 63,3 años, en Central los 32,9 y en el país los 34 años. Solo Ñeembucú presenta un IE superior a Asunción, con 68,3 años, mientras en Canindeyú es de solo 17,4 años, datos que muestran una de las tantas asimetrías presentes en el país.[1]
En el mismo periodo aumentó en cerca del 53% la población asentada en las zonas ribereñas, que pasó de poco más de 51.000 a aproximadamente 110.000 personas, que representan el 24% de los asuncenos. En el país, el 63% de la ocupación es informal, equivalente al 46% del PIB. Se estima que, en Asunción, 6 de cada 10 personas ocupadas trabajan en el sector informal de la economía.
En días y horarios laborales el CHA muestra el elevado número de locales comerciales cerrados, situación que se acentuará con el traslado a las Oficinas de Gobierno y la desocupación de las instalaciones que albergan los nodos institucionales, principales dinamizadores de los flujos económicos de la zona.
Desconozco si los promotores del megaproyecto calcularon el impacto en la economía inducida por la presencia de funcionarios y usuarios de los comercios y servicios; se justifica suponer que, ante la inexistencia de demanda de alquileres y de compra de las propiedades del CHA, el masivo traslado aumentará el total de metros cuadrados vacíos, que actualmente se acercan a los 400.000.
Condicionantes físicos, funcionales e institucionales
Es constante el deterioro y la pérdida del patrimonio urbano del CHA, objeto de abandono por parte de los propietarios: varios sirven como aguantaderos, están a la merced de la inclemencia del tiempo y a la espera de que el derrumbe de la estructura los habilite para transformarse en estacionamiento de vehículos.
Las precarias condiciones de las veredas las hacen inaccesibles para quienes sufren limitaciones en la movilidad y el enrejado convierte a las plazas en lugares subutilizados, negados a la ciudadanía, desprovistos de su atributo básico: ser espacios abiertos al libre uso social.
Prima, entre los condicionantes institucionales, la discontinuidad de las políticas públicas. Un ejemplo es el Plan AsuViva, elaborado durante el gobierno de Mario Ferreiro, quien no logró su aprobación, esfuerzo condenado al ostracismo por la actual conducción municipal.
La gobernabilidad local merece un estudio que analice los impactos de la connivencia entre la intendencia y la Junta municipal para favorecer los intereses de los poderes fácticos y consolidar el clientelismo, con un personal municipal que se acerca a 10.000 personas. Nótese que, según parámetros internacionales, correspondería 1 funcionario cada 150/250 habitantes. La Municipalidad capitalina tiene 1 cada 46 habitantes.
Por tanto, en lo que va del siglo, la tendencia dominante sigue siendo expulsar a la población, disminuir el número de contribuyentes y aumentar los gastos rígidos. Nada más alejado del desarrollo y de su sostenibilidad.
Condicionantes culturales
Una característica nacional es reducir la planificación a la elaboración de planes, sin garantías – ni intentos, diría – de ejecutarlos.
Desde 1991, en el marco del 5º centenario de la Conquista, hasta la elaboración del Plan Maestro del CHA, en 2015, incluyendo los planes para la Franja Costera, sus sucesivas revisiones y los numerosos talleres de SIRCHAL[2], se acumularon propuestas y se truncaron iniciativas. Es un modus operandi normalizado, que no induce reclamos ciudadanos ni tiene costo político.
Pero, lo más preocupante, a mi modo de ver, es la pérdida de la memoria urbana: se desvanecen los recuerdos, los símbolos, los significados y las posibilidades de reproducirlos, transmitirlos y reconstruirlos socialmente.
En la marcha del 25 de marzo, no vi alguna organización ciudadana que reivindicara el salvamento del del corazón urbano asunceno que sigue perdiendo latidos.
Supongo haber respondido la pregunta que encabeza la nota.
Mabel Causarano
07.04.2025
[1] La Edad mediana es la que divide la población total en dos grupos de igual número de personas: hay tantas personas con edades por encima de la mediana como con edades por debajo de la mediana. Índice de envejecimiento es la proporción de personas de 65 y más años en relación con las personas de 0 a 14 años.
[2] Seminarios Internacionales sobre la Revitalización de los Centros Históricos de América Latina y el Caribe.

