En décadas pasadas, la pulseada por Asunción se vio fuertemente influenciada por el grupo político Asunción para Todos y por el candidato de la ANR en ese entonces, Carlos Filizzola: un joven médico, apuesto, inteligente y referente de las luchas gremiales desde el Hospital de Clínicas, con sus guerreras enfermeras que se enfrentaban al sistema dictatorial de Stroessner. Esta faceta de lucha contra la dictadura le valió el pasaje casi directo a la Municipalidad de Asunción.
La nueva sociedad democrática empezaba a entender el nuevo andamiaje político del país. Esto se vio reflejado en las urnas, y toda la ciudadanía asuncena que quería una ciudad mejor se volcó a votar.
Filizzola inició algunos movimientos interesantes en la comuna capitalina, pero a lo largo de su mandato se fueron desviando ciertas cuestiones y, como ha ocurrido con muchos intendentes, terminó mal. Hasta hoy la ciudadanía le reclama la fallida obra arquitectónica que implementó en el centro, la ex Plaza de la Independencia —hoy Plaza de la República— convertida prácticamente en una cueva de chespis, así como también una mala gestión y un cementerio de cemento y hierros.
En fin, lo que la ciudadanía no supo interpretar fue cómo despertar en los caminos de la democracia. Esto no significa solamente acompañar o votar por el antisistema —que representaba Filizzola en ese entonces— sino acompañar de manera constante las buenas prácticas democráticas. El error de la ciudadanía fue depositar una absoluta confianza en el intendente antisistema con la esperanza de que arreglara la ciudad. Pero esa confianza se convirtió en una serie de situaciones negativas, al punto de que el propio Filizzola fue finalmente ignorado por sus propios compañeros.
Derrotar al enemigo número uno, es decir, la ANR, fue el objetivo; luego el acompañamiento fue casi nulo. Otro ejemplo para citar es Fernando Lugo, quien con su lema “Lugo tiene corazón” conquistó los corazones de la feligresía católica para que se volcaran a las urnas a su favor. El creyente tiene como último refugio la fe, y eso se proyectó en Lugo: un obispo católico con una trayectoria social importante. Pero, como le sucedió a Filizzola, los mismos errores lo atraparon, y hoy todo ese movimiento se niega a morir.
Con este preámbulo muy escueto, ahora, en estos momentos, se vive algo similar en la capital, apoyado por la fuerza que generó la victoria de Prieto en las últimas elecciones del Este. Esto da un empuje muy significativo a los votantes asuncenos, quienes podrían intentar replicar aquella victoria.
La nueva constelación es muy positiva, pues tres mujeres se lanzan al ruedo político para intentar llegar al sillón municipal. Dos de las contendientes son las más visibles actualmente: Johanna Ortega y Soledad Núñez. Ambas mujeres talentosas, con años de militancia y experiencia en asuntos públicos, pueden tocar la tecla correcta y ser las salvadoras de la complicada situación política de Asunción. Además, son jóvenes y, por sobre todo, una ya es madre y la otra está camino a serlo. Esto es un plus para que el electorado se vuelque hacia ellas, considerando el instinto maternal tan valorado en una sociedad que se jacta de conservadora.
Pero no todo es alegría en la contienda actual. Por un lado, Johanna Ortega tuvo un papel muy importante en las últimas elecciones destapando la olla que involucraba al exintendente “Nenecho” Rodríguez, quien hasta ahora insiste desde su curul en que el sujeto debe ir a la cárcel por los supuestos casos de corrupción durante su mandato. Este hecho hace un poco difícil que Johanna logre la confianza del electorado indeciso, que se mueve hacia la “carita nueva” que pueda mejorar la ciudad desde la Intendencia. Johanna ya se enfrentó a la ANR, creyendo que su intervención podría darle la magia para llegar a la Intendencia. Quizás su juventud no calibró que se enfrentaba a una maquinaria electoral de décadas, con una estructura sistemática y bien potenciada por prebendas.
La verdad es que Johanna no ha podido llegar al clímax político y se dejó llevar por su intuición; perdió, y se fue así la esperanza de llegar a ser intendenta. Ahora es diputada y tiene un rol esencial en el Congreso: desde allí tiene más protagonismo que volviendo a intentar llegar a la Intendencia. Según encuestas publicadas en medios y redes sociales, está lejos de ser la candidata de consenso de la oposición. Dicho esto, bajo mi mirada, Johanna es un plus, pero en el Congreso.
Por otro lado, Soledad Núñez viene de una derrota en las generales con Efraín Alegre, quien no logró la presidencia una vez más. Soledad se mantuvo en silencio un buen tiempo y fue a estudiar y prepararse en una universidad de élite en Inglaterra. Después de ese proceso, vuelve más madura y consciente de la situación actual de la ciudad: una municipalidad técnicamente quebrada y dependiente de préstamos bancarios para cubrir gastos fijos.
Soledad es técnica, es ingeniera, y se asume que tendrá una visión más amplia y técnica de lo que realmente necesita Asunción. Es verdad que su pasado político la persigue como una sombra, pero creo que ya explicó tantas veces esa etapa que debería quedar atrás. Lo que la protege es su independencia de otros partidos; no comulga con estructuras partidarias, más allá de su interés en hacer bien las cosas.
Lo cierto es que Soledad Núñez, en esta etapa, se ve más aplomada en la esfera política. Ya no siente miedo ante el discurso político tradicional y, con una cierta experiencia en el sector público, puede —a mi entender— tocar la tecla correcta desde el sillón municipal.

