viernes, enero 23, 2026
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Recordando a Jeremy Bentham

Hay hombres, querido lector, que son absolutamente extraordinarios y que deben y tienen que ocupar un puesto de honor y destacado en la historia por haber llevado a cabo o defendido una propuesta (o propuestas) destinada a transformar la vida del hombre o al hombre mismo y que, en su momento, tuvieron que enfrentarse a incontables adversidades y dificultades para hacerlas viables y que estas fueran aceptadas por la sociedad de su tiempo. A este respecto, me gustaría recordar en esta columna de hoy a un intelectual que abogó en sus escritos con valentía y en ocasiones abiertamente por ideas muy revolucionarias para una época llena de cerrazón mental y conservadurismo político, social y religioso: Jeremy Bentham (1748-1832). Este hombre visionario y “moderno” se adelantó verdaderamente a su tiempo defendiendo ideas de gran aperturismo que chocaron con los intereses y la mentalidad de sus contemporáneos. Jeremy Bentham fue un filósofo, jurista y escritor inglés, muy conocido, sobre todo, por ser el padre del utilitarismo moderno.

En su concepción inicial el utilitarismo establecía en general que la mejor acción es la que produce la mayor bienestar y felicidad para el mayor número individuos. Bentham lo definió particularmente como la suma de todo placer que resulta de una acción, pero un placer o un bienestar destinado al mayor número de individuos evitando consecuencias que tiendan al egoísmo y al sufrimiento. El utilitarismo abarcaría, además, las normas, los actos, las disposiciones y las instituciones. Antes que él, filósofos como Epicuro, Aristóteles o Tomás de Aquino hablaron del placer y de la felicidad como el fin último del hombre, pero Bentham hizo de este “fin último del hombre” toda una propuesta teórica y filosófica para su tiempo en el siglo XVIII y principios del siglo XIX. Las ideas modernas y progresistas de Jeremy Bentham tenían como propósito contribuir al desarrollo de una sociedad moderna, plural, tolerante, solidaria y democrática y estimular la puesta en marcha de acciones por parte de instituciones estatales, como el asistencialismo, que ayudasen a los sectores más vulnerables de la sociedad.

El asistencialismo se erige como un programa que tiene como finalidad brindar ayuda a aquellas personas que se encuentran en situación de extrema pobreza o precariedad de manera temporal o continua, y se basa en el principio de la solidaridad y el altruismo. Dicho programa se ha ido intensificando con el tiempo y ha cristalizado de distintas maneras: (1) proporcionando viviendas sociales a personas sin hogar, (2) a través de comedores asistenciales o comunitarios, o (3) brindando atención sanitaria. En la actualidad, las ONG contribuyen sin ánimo de lucro siguiendo los principios del asistencialismo a la sociedad ofreciendo ayuda, bienes y servicios a las personas más desfavorecidas cuando el Estado no lo hace pretextando falta tanto de medios logísticos como humanos, y sirven de apoyo, a su vez, a organizaciones de índole religiosa o asistencial.

Bentham abogó por las libertades individuales como parte del valor constitutivo de cada individuo y como parte del derecho a decidir de modo independiente acerca de aspectos y cuestiones relevantes en su vida sin coacción ni restricciones de ningún tipo, como ocurre bajo una dictadura o un gobierno imperialista de turno. También lo hizo con las libertades económicas, concepto este que parte de la filosofía política y que posibilita que los ciudadanos de un país puedan llevar a cabo sus actividades económicas dentro de un marco legal perfectamente regulado y en un contexto de mercado libre. Además de ello, Bentham propuso la separación de la Iglesia y el Estado de tal manera que tanto una institución como otra tuviese autonomía propia para ocuparse de aquellos asuntos o temas vinculados a su área de influencia o competencia.

A lo largo de la historia hemos sido testigos de esa relación estrecha entre ambos poderes, el humano y el “divino”, así como de las guerras provocadas cuando ambos se han enfrentado por asuntos de tipo mundano y terrenal. Aunque la propuesta de Bentham no fue ciertamente original, hay que darle crédito en este sentido por haber comprendido la necesidad de que el Estado tomase sus propias decisiones en beneficio de sus ciudadanos sin la intervención de una religión dominante. La idea de la separación entre Iglesia y Estado ya se planteó durante el Renacimiento y trató de fortalecerse durante el siglo XVIII, de modo particular en el contexto de la Revolución francesa y de la independencia de los Estados Unidos. Según el jurista holandés Paul Cliteur, existen cinco modelos basados en la relación entre el Estado y la religión: (1) los Estados ateos que prohíben coercitivamente cualquier práctica religiosa, como Corea del Norte; (2) el Estado aconfesional que no posee ninguna religión oficial, pero que permite y protege los distintos cultos de su país; (3) el Estado pluriconfesional, que financia económicamente a ciertas confesiones religiosas que reconoce como estatales; (4) el Estado confesional, que protege una religión oficial o hegemónica frente a otras y la mantiene a través de los impuestos a sus ciudadanos; (5) y un Estado unificado con una religión oficial.

En Europa hay religiones que dependen del Estado como la Iglesia de Noruega, la Iglesia de Suecia, la Iglesia de Dinamarca, la Iglesia de Inglaterra o la Iglesia ortodoxa de Grecia. Por otro lado, hay países cuyos Estados se han separado oficialmente de la Iglesia, como es el caso de Chile, Cuba, Uruguay y México. El caso de España, es tremendamente ambiguo porque, según el artículo 16 de la Constitución, el Estado garantiza la libertad de culto, pero mantiene relaciones de cooperación con la Iglesia Católica a la que privilegia indiscutiblemente por encima de cualquier otra religión o denominación religiosa al estar exenta de pagar impuestos sobre la renta, el IVA, etc.

Bentham defendió la libertad de expresión, algo por lo que hoy en día se sigue peleando con fuerza en un tira y afloja con el Estado y otros poderes fácticos de envergadura. La libertad de expresión es un principio que apoya la libertad de un individuo o colectivo de expresar sus opiniones sin temor a sufrir ningún tipo de represalia, algo que ha sucedido en los países absolutistas, bajo un régimen dictatorial o un sistema caracterizado por el fundamentalismo o radicalismo religioso. Bentham abogó por la libertad de expresión mucho antes de que esta se reconociera como un derecho humano en virtud del artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Además, Bentham se pronunció acerca de la igualdad de derecho para las mujeres. Estas, en el tiempo del jurista inglés, poseían derechos bastante restringidos. Entre sus propuestas estaban el derecho a la propiedad, el derecho al voto y el derecho a la educación. En una de sus obras titulada An Introduction to the Principles of Moral and Legislation (1780) Bentham sostuvo que no había ninguna justificación ni racional ni moral para negar a las mujeres la igualdad de derechos, y criticó las leyes que restringían sus derechos. Desde el enfoque utilitarista consideró que las mujeres debían tener la oportunidad de contribuir a la sociedad al igual que los hombres y que su opresión era una pérdida de potencial humano. Asimismo, abogó por una educación universal para todos los seres humanos sin importar el sexo y por una reforma de la educación pública.

Otro punto a destacar sobre el que se pronunció Bentham fue el vinculado con la primacía masculina en la familia. El jurista inglés cuestionó la estructura familiar tradicional que situaba a la mujer en un plano inferior y de clara desigualdad social. Por otro lado, Bentham estuvo a favor del divorcio legal al pensar que toda institución debía justificarse por su utilidad a la hora de contribuir a la felicidad del ser humano y a la reducción del dolor y sufrimiento. Teniendo en cuenta esta premisa, el divorcio era necesario si un matrimonio se convertía en causa de desdicha y sufrimiento para ambos cónyuges o uno de ellos. En este caso, no había ninguna justificación moral para que siguiera manteniéndose por fuerza y de manera obligada, pues ello no sería más que un acto de crueldad lícita. Para Bentham el matrimonio se erigía más como un contrato civil que como un vínculo sagrado y, si el mismo dejaba de cumplir su finalidad, debía disolverse. Evidentemente, en el contexto en el que esto fue dicho, su propuesta fue para muchos absolutamente inadmisible. Sin embargo, Bentham continuó planteando en sus escritos ideas tan radicales para su época como las anteriores. Por ejemplo, la despenalización de la homosexualidad.

El jurista inglés se manifestó contrario a las leyes que castigaban los actos homosexuales, como la ley en materia de sodomía (Sodomy Law) que estaba basada en otra ley promulgada en Inglaterra en 1533 bajo el reinado de Enrique VIII (Buggery Act), que conllevaba penas muy severas, incluso la pena de muerte en la horca. Esta ley penalizaba la sodomía, entendida esta como las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. La ley permaneció vigente hasta su derogación definitiva en 1967 en Inglaterra y Gales. El argumento principal de Bentham (expuesto en un ensayo que no llegó a publicarse llamado Offences against one´s self) es que si en dichas relaciones no había daño en el acto en sí, entonces no había delito. Y a esto añadió que castigar los actos homosexuales provocaba más daño que beneficio, que la sexualidad pertenecía al ámbito privado, y que el Estado no debía inmiscuirse en ello si la relación era libre y consentida mutuamente. Desde su punto de vista, castigar tales actos respondía más a prejuicios morales (antipathy) que a razones jurídicas.

Asimismo, Bentham se opuso, salvo algunas excepciones limitadas, a la pena de muerte y propuso castigos alternativos menos crueles, más disuasorios a largo plazo y más útiles socialmente. Fue crítico con los castigos físicos aplicados a los niños por considerarlos poco eficaces y generar miedo, resentimiento y degradación moral, y propuso en su lugar recompensar las conductas positivas y prevenir la falta antes que castigarla. Para Bentham los niños constituían agentes morales incompletos en proceso de aprendizaje.

En cuanto a la esclavitud, la visión que Bentham tenía al respecto es que ningún ser humano podía ser propiedad de otro, y que la esclavitud era un sistema basado en la fuerza y el interés económico, no en la razón, añadiendo que la esclavitud generaba sufrimiento, beneficiaba solo a unos pocos, y reducía la felicidad social. Finalmente, Bentham condenó también el maltrato animal, lo cual era moralmente injustificable, tanto en el ámbito privado como en los espectáculos públicos.

Querido lector, Jeremy Bentham fue uno de esos hombres con una visión que en su tiempo superó con mucho a la de sus contemporáneos. Su doctrina utilitarista en el ámbito estatal tuvo como finalidad que los seres humanos estuvieran más cerca de la felicidad que del dolor y el sufrimiento. Hoy debemos recordarlo, sobre todo, por haber planteado el concepto de medición de la felicidad por medio de la utilidad, por sus críticas al sistema jurídico y religioso que mantenían y apoyaban estructuras sociales como la pena de muerte, la esclavitud (especialmente en las colonias), la discriminación de la mujer, los castigos físicos a los niños, el maltrato animal, el castigo a los homosexuales, etc., por su defensa del divorcio en los casos de matrimonios desdichados y, en general, su visión igualitaria y racional aplicada a la sociedad.

En un mundo lleno de líderes políticos agresivos, violentos, bélicos y de ideas radicales fundamentalistas e imperialistas contra las libertades individuales, la tolerancia religiosa, la igualdad entre hombre y mujeres en derechos, el pensamiento crítico, la diversidad, la inclusión, la paz, la libertad de expresión y el diálogo, hombres y mujeres como Jeremy Bentham se hacen más necesarios que nunca. El mundo parece estar en retroceso y, aunque en tecnología la humanidad está avanzado a pasos agigantados, no lo está haciendo en cuanto a humanidad, humanismo, amor y progreso espiritual. Escríbeme, amigo lector, y dime qué opinas al respecto.

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