Uno de los vástagos del expresidente Nicanor Duarte Frutos, Dr. José Duarte Penayo, en una declaración a un medio de prensa, abordó un tema espinoso: la dictadura de Stroessner; sin embargo, lo hizo con una lamentable elección de palabras, lo que impidió sostener un análisis racional sobre la dictadura que vivió la República del Paraguay. Resulta interesante, desde todo punto de vista, que profesionales formados en el extranjero puedan ilustrar y analizar desde un enfoque académico, filosófico e historiográfico la historia del Paraguay.
Bajo mi mirada, siempre he sostenido que la historia del Paraguay debe ser reescrita. Lo vengo afirmando en diversos ámbitos en los que comparto con colegas profesionales, incluso con algunos historiadores, quienes quizás también comparten la idea de que la historia paraguaya está mal contada y que debe ser paulatinamente corregida por profesionales de la disciplina histórica.
En esa línea, este profesional —formado inicialmente en el país y posteriormente en la Universidad de Buenos Aires (UBA), y más tarde en la Sorbona de París, Francia— intentó remover los lastres que han arrastrado a los paraguayos desde la época colonial. Se centró en dos ejes sumamente sensibles de la historia paraguaya y que aún permanecen frescos en la memoria colectiva del país:
- El gobierno liberal (1904-1940).
- El gobierno de Alfredo Stroessner (1954 -1989).
Estos dos ejes fueron comparados por el profesional, quien afirma haber estudiado sociología y filosofía y que actualmente se desempeña como presidente de la ANEAES. Según su interpretación, la balanza se inclinó en contra del periodo de gobierno liberal de una época específica (1904-1940), al afirmar que durante ese período hubo más muertes que en la época de la dictadura de Stroessner. Remató su intervención académica, difundida en un medio de prensa, señalando incluso que el gobierno dictatorial de Stroessner fue benigno en comparación con el de los liberales, a quienes insinuó como responsables de revoluciones fratricidas en el país.
Entiendo que este joven quiso demostrar la solidez de los conocimientos acumulados durante sus estudios en el extranjero y acercar un nuevo discurso analítico sobre la historia paraguaya, especialmente en los ejes mencionados. No obstante, quizás por su juventud, aún no logra separar los sentimientos, el subjetivismo, el radicalismo y un fanatismo ciego hacia un sector político de la historia del Paraguay, cuyo hilo conductor es uno de los partidos tradicionales y hegemónicos del país: el Partido Colorado.
Al adoptar esta inclinación y al defender —o reivindicar— los logros de una dictadura, y sobre todo al presentar como “menos maligno” al gobierno del exdictador Alfredo Stroessner, parece haber olvidado hechos fundamentales: la Operación Cóndor, los miles de desaparecidos, los exilios, las persecuciones y la sistemática violación de los derechos humanos, entre otros.
Me pregunto, entonces, y le pregunto a este joven devenido en analista histórico:
¿acaso estas prácticas aberrantes corresponden a un gobierno constitucional?
Haciendo un paralelismo con la apología de las dictaduras, Alemania aprendió a convivir con su oscuro pasado y avanzó hacia la aceptación crítica de esa etapa de su historia como un elemento vital para el fortalecimiento de su democracia. En ese sentido, el no olvido de esos pasajes vergonzosos tiene como finalidad no volver a caer en los mismos errores. Tal es así que, a nivel nacional, existen proyectos apoyados por el Estado destinados a preservar la memoria histórica, de modo que ese pasado negro constituya una referencia permanente para toda la población alemana.
Siguiendo esta línea comparativa, si este avezado jovenzuelo se animara a reivindicar o hacer apología de una dictadura en Alemania, estaría enfrentando severas consecuencias legales. En ese país, a modo de ejemplo, la apología del nazismo está prohibida y la ideología nacionalsocialista se encuentra expresamente proscripta.
Entonces, si este presidente de una entidad que debe velar por la educación universitaria del país desempolva hechos históricos mediante análisis débiles y con escasa solidez retórica, no hace más que exacerbar la sensibilidad de muchos sobrevivientes de la pesada dictadura de Stroessner.
Como lo señalan numerosos historiadores y analistas políticos, la historia de dicha dictadura está ampliamente documentada y forma parte de la historia reciente del Paraguay. Basta con recurrir a los anales de ese período para comprender con mayor profundidad el funcionamiento del régimen dictatorial de la época, y, por supuesto, analizar también con rigor el gobierno liberal, que igualmente tuvo una hegemonía de 36 años en el país.
En definitiva, esta parte de la historia aún está demasiado fresca: permanece en la memoria de muchos sobrevivientes y, especialmente, de numerosos militares excombatientes del golpe de Estado que derrocó al gobierno de Stroessner, quienes fueron verdaderos forjadores de la nueva patria.
Gracias a ellos, hoy en día análisis como los de este joven pueden ser difundidos por medios de prensa, los cuales tienen la obligación de informar con responsabilidad a la población. Y valga esta aclaración final: información veraz, rigurosa y ajena a toda ideología político-partidaria.

