Con el revuelo que se ha generado a raíz del débil análisis histórico-filosófico del presidente de la ANEAES, Dr. José Duarte Penayo, y que ha impactado en la sociedad, removiendo sentimientos ocultos y el largo sufrimiento de las víctimas de la pesada dictadura, es menester que el MEC inicie proyectos a nivel nacional para instalar como materia obligatoria la historia de la dictadura o, por lo menos, incluirla como parte de la malla curricular de la asignatura de Historia.
Se habla mucho en estos días de revisionismo de la historia del Paraguay; algunos incluso hablan de reescribir la historia paraguaya. En este grupo me incluyo, pues, debido a las numerosas imprecisiones de muchos historiadores, analistas y sociólogos —y ahora también entran en escena los filósofos—, considero esencial, para un país emergente, contar con personas lúcidas, brillantes y, sobre todo, independientes, capaces de realizar análisis rigurosos de cuestiones de relevancia, especialmente en lo que respecta a la historia del Paraguay.
En ese contexto, a modo de anécdota, llegó a mis manos el pedido de una historiadora estadounidense para que leyera su obra sobre la historia del Paraguay. Sin siquiera mirar el título, le respondí automáticamente que bajo ningún sentido lo haría, no por desconocer el tema, sino porque no me consideraba competente para abordar un asunto tan delicado y esencial como la historia de una nación. Allí terminó el contacto con la «historiadora».
De esta anécdota se infiere que cualquiera que haya leído algunos folletos fotocopiados en el colegio, la facultad o donde fuere, ya cree tener derecho a escribir sobre la historia del Paraguay, obviando los mecanismos rigurosos de investigación, comparación y contrastación de evidencias, entre otros procedimientos indispensables para que una obra sea realmente digna de ser leída como fuente primaria o, al menos, como fuente fidedigna que sirva de manual o modelo para generaciones futuras.
La incursión de este joven sociólogo, que interpreta desde un punto de vista cuasi filosófico una época oscura que vivió el país, constituye una evidencia de que el tema de la historia del Paraguay debe ser abordado con mucha cautela y con especial interés por parte del MEC, órgano rector de la educación nacional. Las evidencias existen: Paraguay posee una cultura muy joven y fresca si se la compara con otros continentes de culturas milenarias ya sedimentadas. Con apenas quinientos y pico de historia, desde el primer contacto con los conquistadores, el país tiene bien registrados los procesos de desarrollo desde la llegada de los españoles hasta nuestros días.
En ese sentido, y como prueba de que existen documentos que avalan la conformación del grupo étnico paraguayo, basta con visitar el Archivo de Indias, en Sevilla, España, para descubrir, en los apartados correspondientes al Paraguay, una abundante cantidad de documentos alusivos al período colonial y al desarrollo del Paraguay como nación. Personalmente, he coleccionado varios documentos relacionados con el país, pues, debido a determinadas investigaciones, tuve que prácticamente asilarme en el Archivo de Indias para obtener datos necesarios para una investigación que mis tutores me habían encomendado durante mis estudios de doctorado. Y no solamente allí existen documentos, sino también en el Archivo de Roma, en el Archivo de Simancas, Archivo del Vaticano, el Instituto Smithonian, archivos del Reino Unido y en otros tantos archivos del mundo.
El MEC debería aprovechar este revuelo mediático generado por el profesional aludido, quien, a estas alturas, deja entrever que su objetivo sería visibilizarse para incursionar en la arena política en el próximo período legislativo. Por otro lado, este faux pas del sociólogo dio combustible a los medios de comunicación, logrando desviar momentáneamente la atención de los graves problemas que actualmente aquejan a la población, en especial el delicado tema de las jubilaciones, ante la insuficiencia de recursos para pagar a los jubilados, en contrapartida aparece en escena la caja parlamentaria, que solo podría sobrevivir con el oxígeno financiero del Estado.
En fin, volviendo al karaku de este artículo, es menester que se diluciden dos cuestiones fundamentales a partir del caso iniciado por el sociólogo de moda:
- ¿Debe seguir al frente de la ANEAES una persona con un sesgo marcadamente subjetivo sobre la historia del país, especialmente de una época oscura que vivió la nación, considerando que la ANEAES es la encargada de velar por la calidad de la educación universitaria?
- ¿Debe el MEC iniciar racionalmente un proceso de corrección y revisión de la historia del Paraguay bajo criterios rigurosos de la historiografía?
Aunque estas preguntas sean difíciles de responder, espero que, al menos, alguna autoridad pueda leer este artículo y que ello contribuya a introducir una dosis de racionalismo que permita generar cambios reales en el país.

