Como filólogo muchas veces me han preguntado, de modo especial mis alumnos de Filología Inglesa, por un lado, y de Periodismo por otro, si es apropiado utilizar anglicismos en español. La verdad es que esa me ha parecido siempre una excelente pregunta, sobre todo, porque constantemente estamos recibiendo un inmenso caudal o un flujo permanente de vocablos o voces procedentes de la lengua inglesa en distintas áreas temáticas. Y ello no solamente ocurre en la lengua española, sino en la mayoría de las lenguas vivas que hay en el mundo (entre 6.500-7000). Este hecho es aparentemente “normal” cuando la lingua franca imperante, dominante o hegemónica en la actualidad, como lo lleva siendo ya durante muchos años, es el inglés debido a la influencia de Estados y el Reino Unidos fundamentalmente, que son las principales potencias económicas, políticas y culturales actualmente. Y como lengua dominante no solamente trae una gramática incorporada en su seno, sino toda una cultura (gastronomía, cine, sociedad, religión, política, economía, literatura, historia, instituciones, mitos, leyendas, etc.), toda una ideología, toda una idiosincrasia y toda una manera de pensar propia del mundo anglosajón o angloparlante representado por los dos países anteriores.
Esto está ocasionando que la expansión de los anglicismos en español suela ser tan rápida como continua e inevitable. Y cuando el mundo anglosajón ha decidido elaborar toda una agenda global de Nuevo Orden Mundial, como lo hizo hace más de 2000 años el Imperio Romano, la resistencia o rebeldía contra lo que podría catalogarse como “invasión” va a ser, seamos realistas, algo complicada. Fíjate, mi querido lector, que la lengua del Imperio Romano, el latín (aunque ya no sea ni por asomo el latín clásico de Virgilio, Cicerón o Catulo), sigue vigente, aunque digan que es, algo complemente falso, una lengua muerta, pues pervive hoy en día a través de sus locuciones en castellano, en el lenguaje científico (médico, botánico, etc.), en el lenguaje administrativo, en el lenguaje jurídico y en el ámbito religioso. Esto lo traigo a colación para que te hagas una idea de la fuerza que tiene un país a la hora de erigirse como todo un imperio global y los posos y vestigios que puede dejar a su paso después de muchos siglos de dominación y control. En definitiva, hay anglicismos en la economía, la política, la sociedad, la literatura, la informática y la IA, las redes sociales, la prensa, los deportes, el ocio, el cine, la moda, la música, etc. Los medios de comunicación y los jóvenes son los que más contribuyen a la adopción o inserción de voces, locuciones o expresiones idiomáticas procedentes de la lengua inglesa.
Las causas para el uso de los anglicismos en español por parte de los hablantes pueden ser múltiples: (1) porque no exista un equivalente adecuado en español; (2) porque la sonoridad de la propia palabra inglesa suene más atrayente para quien la usa; (3) por razones comerciales y publicitarias; (4) por influencia de la tecnología, los negocios, la política, la ciencia y la informática; (5) porque la persona que haga uso de ellos desee ofrecer una imagen de modernidad, progreso, cultura idiomática, globalización y cosmopolitismo; (6) por comodidad y sencillez frente al equivalente propuesto en español que pueda resultar aparentemente más complejo; (7) por esnobismo dejándose llevar por la moda; (8) por falta de interés o preocupación a la hora de buscar una alternativa apropiada o correcta en español; o (9) o por constante exposición al inglés, en el caso de los profesionales que trabajan continuamente con material escrito en lengua inglesa (informáticos, científicos, médicos, etc.), entre muchas otras causas. Y entre los factores que aumentan su número están (1) la globalización y la tecnología, y (2) las nuevas tendencias y modas lingüísticas.
A lo ya dicho puede añadirse que la lengua está siempre viva, en ebullición, y para mantenerse viva y en ebullición, tiene que adaptarse (y con prontitud) a los nuevos cambios emergentes, si no lo hace, corre el riesgo de estancarse o desaparecer gradualmente. Nos guste o no nos guste, esto es así, la incorporación de anglicismos (o neologismos) en español es real y constante, y esto no es un fenómeno reciente, sigue ocurriendo en la actualidad, y seguirá ocurriendo en el futuro, y ni el más recalcitrante de los puristas lingüísticos va a poder evitarlo. A este respecto don Salvador de Madariaga, (en Petra Díaz Prieto:1998), ya decía en el año 1966 lo siguiente: “hoy (la lengua española) es una colonia del inglés” y pedía “una acción autorizada, sistemática y constante” por parte de la Academia. Emilio Lorenzo sostenía en su libro de 1980 que “la difusión internacional que alcanza los usos lingüísticos ingleses no es más que complemento, o corolario, de la penetración pacífica, pero incesante, de usos, costumbres y actitudes de origen británico o norteamericano”. Asimismo, Lorenzo agregaba que esta afluencia o invasión de anglicismos (neologismos) se debía al predominio político, económico, científico y tecnológico del mundo anglosajón.
Díaz Prieto (1998) apunta que “todas las lenguas sufren continuos cambios debidos a muchas causas que se reflejan tanto en su estructura sintáctica como en su sistema gramatical, en su forma fónica externa o en su inventario léxico. Este último aspecto conlleva la aparición de nuevas formas léxicas que favorecen el enriquecimiento del vocabulario. (…), y agrega que “para que una lengua conserve su pujanza y su vigor y no se fosilice necesita elementos nuevos. La renovación de una lengua es inherente a sus hablantes, al deseo natural de apropiarse de los progresos materiales y espirituales que día a día se van sumando a los que ya posee”. Lázaro Carreter (1977) afirma que “las palabras extranjeras entran por el oído y por los ojos; la publicidad las pone ante nuestros ojos en vallas y carteles, en todos los medios de comunicación, y esto hace que el inglés no sea un total desconocido para muchos hispanohablantes”.
Existen varias definiciones de anglicismo. La RAE lo define de tres maneras diferentes: (1) es un giro o modo de hablar propio de la lengua inglesa; (2) es un vocablo o giro de la lengua inglesa empleado en otra; y (3) es el empleo de vocablos o giros ingleses en distintos idiomas. Díaz Prieto (1998) lo define como “los vocablos o giros procedentes de la lengua inglesa que se emplean en otra lengua”. Asimismo, es muy interesante el dato histórico que aporta la profesora Díaz Pietro al exponer que “la historia de nuestra lengua registra anglicismos al menos desde el siglo XIV, tan antiguos en nuestro cuerpo lingüístico que su etimología se pierde en la noche de los tiempos. Resulta curioso que nuestros puntos cardinales “norte, sur, este y oeste” son anglicismos, que aparecen ya documentados por los mismos años en que se descubrió América (…). En nuestros días los anglicismos han proliferado en todos los niveles de la lengua”. En general el anglicismo puede definirse como una palabra, expresión o giro procedente del inglés que se incorpora a otra lengua, ya sea en su forma original o adaptándose a la naturaleza lingüística del español. En ocasiones, no obstante, como explica Díaz Prieto “muchos términos procedentes del latín y el griego han sido asimilados en español por vía del inglés”, por ejemplo, el término “multimedia” consta de dos voces latinas que se ha incorporado al castellano a través del inglés. En el ámbito de la informática, este término hace referencia a la combinación y el uso simultáneo de diferentes tipos de medios para representar, almacenar y presentar información: texto, sonido, imágenes estáticas, gráficos, animaciones y vídeo.
Existen los siguientes tipos de anglicismos: (1) el anglicismo crudo o puro. Se trata de un término en inglés que se incorporan a una lengua (en este caso el español) directamente sin sufrir ningún tipo de adaptación ni fonética ni morfológica ni ortográfica. Por ejemplo: hardware, software, email, Smartphone, jeans, marketing, startup, show, streaming, coach, playoff, stress, etc.; (2) el anglicismo adaptado (o préstamo lingüístico). Se trata de una palabra procedente del inglés incorporada a una lengua (en este caso el español) que ha sufrido una adaptación fonética, ortográfica y morfológica en su estructura original. Díaz Prieto (1998) sostiene que se trata de “un extranjerismo naturalizado, adaptado al sistema lingüístico que lo acepta (…). No es desdeñable la actividad de hispanizar cuanto pueda resultar útil a todos, si con ello se aumentan los conocimientos y la posibilidad de nombrar mejor la realidad física. Estos términos han sufrido un cierto proceso de adaptación, pero aún muestran elementos de la lengua original. Con esto se está produciendo una renuncia a la traducción.” Ejemplos: vagón (wagon), líder (leader), escáner (scanner), fútbol (football), váter (water-closet), pedigrí (pedigree), dandi (dandy), béisbol o beisbol (baseball), penalti (penalty), ponche (punch), bistec (beefsteak), yate (yacht), tique (ticket), güisqui (whisky), etc.; y (3) el calco, el cual es un tipo de préstamo que consiste en la traducción literal de la expresión extranjera (en este caso del inglés).
En este caso, sostiene Díaz Prieto (1998) “no se toma prestado el sintagma, sino que se traducen literalmente los elementos que lo componen. Consiste en utilizar los recursos propios de la lengua para forjar significantes calcados sobre el modelo ajeno”. Por ejemplo: mesa redonda (round table), horas pico (peak hours), capital humano (human capital), mercado negro (black market), plan de negocios (business plan), cinturón de seguridad (safety belt), rascacielos (skyscraper), guerra fría (cold war), vestidor (dressing room), derechos humanos (human rights), estado del bienestar (welfare state), fin de semana (weekend), relaciones públicas (public relations), ciencia ficción (science fiction), cambio climático (climate change), hombre rana (frogman), luna de miel (honeymoon), cadena alimentaria (food chain), año luz (light year), efecto invernadero (greenhouse effect), guardacostas (coastguard), café irlandés (Irish coffee), habilidades blandas (soft skills), comida rápida (fast food), cámara fotográfica (photographic camera), comida basura (junk food), hora feliz (happy hour), supermercado (supermarket), etc. Diaz Prieto (1998) menciona algunos ejemplos ya incluidos en la lista anterior y añade otros como: minimización (minimization), optimización (optimization), recapitalización (recapitalization), etc. Existen, asimismo, calcos estructurales del tipo: hacerme el día (to make my day), jugar un papel (to play a role), mi punto es (my point is), al final del día (at the end of the day), tener en mente (to bear in mind), hacer dinero (to make money), etc.
También puede hablarse de un cuarto tipo de anglicismo que es aquel que se forma a través de derivaciones. Como muy bien explica Díaz Prieto (1998) “hay anglicismos que sufren diferentes procesos de derivación y dan lugar a nuevos términos”. ¿Cómo lo hacen comúnmente? Lo hacen a través de “un radical importado del inglés combinado con el morfema sufijo –ar. Los ejemplos que ofrece Díaz Prieto son muy sintomáticos, pues muestran a la gran cantidad de casos de este tipo que se ha producido y se vienen produciendo en español, sobre todo en el campo de la informática y la tecnología. Díaz Prieto no tiene ningún reparo a la hora de calificar a la mayoría de estos casos (híbridos) como “auténticos engendros lingüísticos” al “más puro spanglish”. Entre los ejemplos mencionados por la profesora Díaz Prieto están: auditar (radical: audit), chutar (del verbo inglés to shoot), privatizar (radical: private), optimizar, compilar, formatear, deletear, mapear, plotear, etc.
En España y en Hispanoamérica se usan muchos anglicismos que pueden escucharse comúnmente entre los hablantes y leerse en diferentes ámbitos del conocimiento, entre ellos, el de la comunicación y las redes sociales (selfie, trending, feedback, hashtag, networking, E-commerce, streaming, viral, startup, branding, influencer, App, chatbot, chat, like, post, cloud, fake news, etc.), la inteligencia artificial (IA: machine learning, big data, data mining, AI, chatbot, dataset, blockchain, bias, etc.), la informática (software, hardware, bug, download, upgrade, backup, file, folder, server, password, etc.), los deportes (coach, team, playoff, fan, timeout, offside, penalty, corner, kickoff, gym, fitness, sprint, relay, sponsor, basketball, etc.), la economía (outsourcing, franchising, cash-flow, CEO=Chief Executive Officer), retail), etc., en la política (lobby, E-Government, etc.), la medicina (stress, check-up, tracking, burn-out, etc.), el ocio y el entretenimiento (hobby, podcast, fan, fandom, cosplay, clubbing, etc.), la moda (outfit, look, glamour, gloss, lipstick, fashion, vintage, fashion week, trendy, shorts, jeans, babydoll, etc.), la sociedad en general (cool, hype, best seller, mall, shopping, delivery, baby shower, etc.), entre otros.
Ahora, la pregunta clave es, ¿deberíamos hacer uso de ellos? Y la respuesta sería la siguiente: si en español se dispone de un equivalente NO, ciertamente no tendríamos que hacer uso de ningún anglicismo; sin embargo, si no se dispone de un equivalente apropiado, no se tendría más remedio que hacerse uso del mismo, como ha ocurrido en el pasado y sigue ocurriendo en la actualidad. Últimamente sí estoy observando un abuso en el empleo de anglicismos en los medios de comunicación, en las redes sociales y en la juventud en general en el mundo hispano, y eso es preocupante porque si se hacen uso de los mismos como una moda o tendencia caprichosa y arbitraria, me temo que será muy difícil detener su flujo incesante en el español. En fin… vamos a ver qué pasa. Es importante que tomemos conciencia de que el uso masivo e innecesario de anglicismos en el español no va a ocasionar sino una pérdida de riqueza lingüística. La idea es buscar un equilibrio y no hacer uso de los mismos, repito, cuando existan alternativas claras y disponibles en el español.
Referencias bibliográficas
Díaz Prieto, Petra. “¿Son los anglicismos el camino del “spanglish”?” Estudios humanísticos. Filología. Nº 20, 1998.
Lázaro Carreter, Fernando. “El neologismo: planteamiento general y actitudes históricas” en El neologismo necesario. Madrid: Agencia EFE, 1991.
Lorenzo, Emilio. “El anglicismo en la España de hoy” en El español de hoy. Lengua en ebullición. Madrid: Gredos, 1980.
———————- “Anglicismos” en Ensayo: La lengua española, hoy. Madrid: Boletín Informativo de la Fundación Juan March, vol. VI, 1980.
*Doctor José Antonio Alonso Navarro
*Filólogo y académico correspondiente de la Academia Paraguaya de la Lengua Española

