El presidente de la ANDE, Félix Sosa, atribuyó el apagón masivo al desprendimiento de un cable en la línea de 500 kV que conecta Itaipú con la subestación Yguazú. El titular de la estatal eléctrica calificó el suceso como un «evento fortuito» que dejó sin suministro a casi el noventa por ciento del territorio nacional.
Sin embargo, la entidad binacional Itaipú emitió un comunicado deslindando responsabilidades, asegurando que su operación técnica se mantuvo estable y sin anomalías internas. Esta discrepancia entre las autoridades del sector energético alimentó el debate público sobre la verdadera capacidad de respuesta del sistema interconectado.
En las redes sociales, el periodista Santiago González y el diputado Raúl Benítez lideraron las críticas más compartidas por los usuarios indignados. El comunicador de medios masivos cuestionó duramente la falta de inversión en infraestructura, mientras que el legislador de la oposición tildó de «burla» el discurso de soberanía energética ante los constantes cortes. Las figuras de la opinión pública coincidieron en que la sensación térmica de cuarenta y cuatro grados agravó el malestar ciudadano de forma exponencial.
Para los líderes de las plataformas digitales, la desconexión del servicio de agua por parte de la ESSAP fue el detonante final de la furia colectiva.Los comunicados oficiales de las instituciones involucradas intentaron calmar las aguas, pero solo lograron profundizar la incertidumbre sobre futuras fallas similares. La administración de la binacional subrayó que el inconveniente fue estrictamente externo a la central hidroeléctrica y responsabilidad exclusiva de las líneas de transmisión nacionales.
Por su parte, la secretaría de estado de electricidad prometió una investigación exhaustiva para determinar por qué fallaron los sistemas de protección automática durante la siesta calurosa. Estos documentos de las entidades públicas fueron analizados minuciosamente por expertos del sector, quienes advirtieron sobre la vulnerabilidad del anillo energético actual. Finalmente, el descontento digital se tradujo en una serie de memes virales que ironizaban sobre la precariedad de los servicios básicos en pleno siglo veintiuno.

