La semana ha estado marcada por un luctuoso episodio que involucró a un niño de la ciudad de San Lorenzo, quien fue arrastrado por el raudal y finalmente encontrado sin vida en uno de los ductos que estaban en construcción.
Este accidente no es fortuito, sino recurrente, pues ha habido numerosos casos de esta naturaleza en los que el ciudadano, con toda la energía de una vida sana, termina falleciendo por circunstancias que tienen que ver con la mala infraestructura de la ciudad, personas inconscientes que manejan a toda velocidad y, en fin, situaciones que permiten inferir que estos episodios luctuosos no son meros accidentes, sino hechos recurrentes causados por la negligencia de personas que tienen a su cargo la gobernanza de una ciudad y del país mismo, además de las irresponsabilidades individuales de otros ciudadanos que no tienen empatía hacia sus semejantes.
Ante este hecho fatídico, los responsables se han rasgado las vestiduras y han ensayado un tendal de excusas con el fin de salir de esta deplorable situación. Hasta ahora, la Fiscalía aún no ha determinado cabalmente a quién imputar: si al intendente, por ser responsable directo de la gobernanza de la ciudad, o al padre del niño, por una supuesta falta en el cuidado del hijo.
Lo que sí debe interpelarnos es que, como ciudadanos y en ejercicio de los derechos democráticos, debemos ante todo denunciar toda malversación, corrupción y mala gestión de las autoridades, a quienes el pueblo ha llevado a ocupar cargos de responsabilidad con el deber de buscar una mejor calidad de vida para la ciudadanía.
La ciudad de San Lorenzo, como también la ciudad de Lambaré, sufre a diario los embates de calles deterioradas, del mal servicio básico para la ciudadanía y de muchas otras falencias que, de mencionarlas todas, no alcanzarían estas líneas.
En contrapartida, el gobierno central, en la figura del presidente, se pasea por el mundo llevando la antorcha de la paz para intentar solucionar problemas en latitudes que no nos incumben y donde poco o nada tenemos que ver.
Muchos ciudadanos se han manifestado ante estos hechos, combinando este luctuoso suceso con un creciente malestar social que se agrava aún más con situaciones como el apagón general reciente. A esto se suman las duras expresiones del vicepresidente Alliana, quien ha hablado con claridad y firmeza hacia los ministros del gabinete de Peña. Esto también ha movido un poco el tablero político actual, y la ciudadanía se pregunta quién gobierna realmente el país, pues, bajo esta mirada, Alliana parece tomar las riendas de manera ocasional, pero efectiva, al momento de dar soluciones cuando la situación se vuelve crítica.
Lo esencial en estos sucesos que marcaron la semana es que el ciudadano deje de aceptar espejitos y combos alimenticios que solo solucionan por días algunos problemas, y que comience a señalar con firmeza a los gobernantes que no sienten empatía hacia su pueblo, un pueblo que de alguna manera busca lograr una mejor vida y poder decirlo antes de abandonar la tierra que lo vio nacer.
La muerte del niño de San Lorenzo debe servir como una marca en el corazón de todos los gobernantes corruptos que no gestionan en beneficio del pueblo, sino para sus propios intereses. De esta práctica, la gente está cansada, y debe evitarse un estallido social sin precedentes.

