lunes, febrero 2, 2026
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El dequeísmo: un fenómeno más habitual de lo pensado.

Amigo lector, no hay nada que sea más agradable o placentero al oído que escuchar a una persona hablar bien o, en otras palabras, expresarse con claridad y corrección gramaticales. Ello constituye, como te digo, sin ninguna duda, un auténtico placer. Por otro lado, huelga decir lo importante y necesario que hoy en día resulta comunicarse eficazmente en todos los ámbitos del conocimiento para los objetivos que cada interlocutor se marque de manera particular. Esto también lo sabes muy bien, amigo mío. Hasta el más humilde vendedor de productos en cualquier mercadillo local ha de hacer uso de sus mejores habilidades comunicativas y de sus más grandilocuentes destrezas lingüísticas para poder convencer a sus clientes para que adquieran el producto de turno ofertado, ya sea este de peor o mejor calidad. El susodicho trabajador tendrá que emplear sus mejores dotes de “orador popular” para describir magistralmente las bondades de su producto. Si no lo hace así, es poco o muy poco probable que lo vaya a vender. El éxito radica, por lo tanto, en una buena comunicación, y esta se erige, además, como la primera presentación que hace de sí mismo la persona que habla.

Es nuestra primera imagen, si se quiere, nuestra mejor interfaz entre uno mismo como interlocutor y quienes nos escuchan, en muchos casos, con una exquisita y esmerada atención como receptores o destinatarios. Por eso se hace absolutamente necesario evitar errores gramaticales que pongan en peligro nuestra imagen, que nos haga quedar mal ante nuestros receptores, o que hagan deslucir el trabajo que estemos presentando en un momento determinado. En español existen los denominados “vicios del lenguaje”. Estos vicios no son sino uso incorrectos del español que empañan o mancillan la claridad, la precisión y como no, la elegancia de nuestros mensajes. Es posible que tales vicios no hagan inteligible el mensaje, pero lo van a volver un tanto confuso y va a desteñir, reitero de nuevo, la imagen del interlocutor o hablante. Existen varias clases de vicios de lenguajes en español bastante comunes entre los hablantes de español, pero uno de los que más resaltan es, a mi juicio, por lo que llevo observando desde hace algunos años, el famoso como infausto dequeísmo.

Este fenómeno es más frecuente de lo que parece, y no solamente se manifiesta en boca de hablantes con escasa formación educativa, sino, por el contrario, en personas universitarias o con un alto grado de formación. Yo lo he escuchado personalmente en periodistas, políticos, médicos, arquitectos, economistas, informáticos, etc. A veces el dequeísmo se combina con otros vicios o errores de lenguaje como el cosismo, el queísmo, el solecismo o anacoluto, la repetición, la anfibología o el barbarismo. De los vulgarismos no voy a referirme en esta ocasión. La verdad es que me sorprende bastante el uso del dequeísmo en personas con una elevada formación intelectual, especialmente, entre aquellas que se dedican al mundo de la comunicación, lo que es más preocupante si cabe. Estas últimas personas han de constituir un referente para el buen uso del lenguaje o un modelo de conducta para quienes los ven, los leen o los escuchan. Mi experiencia me dice, además, que el dequeísmo es altamente contagioso.

Para refrescar la memoria de mis queridos lectores diré que el dequeísmo consiste en emplear la preposición “de” delante de la conjunción o nexo “que” con verbos considerados de “lengua o pensamiento”. La mayoría de los verbos de lengua o pensamiento no llevan la preposición “de” delante del nexo o de la conjunción “            que”. Algunos de estos verbos son: “creer”, “pensar”, “opinar”, “decir”, “afirmar”, “responder”, “considerar”, “suponer”, “imaginar”, “entender”, “notar”, “prever”, “sospechar”, “asegurar”, “explicar”, “comentar”, “manifestar”, “declarar”, “contar”, “anunciar”, etc. Si bien es verdad que existen algunas excepciones como “dudar” o “desconfiar”, estas no son muchas. Algunos ejemplos de dequeísmo:

*Dijo de que vendría.

En lugar de “dijo que vendría”.

*Pensamos de que tomó una decisión errónea.

En lugar de “pensamos que tomó una decisión errónea”.

*Creen de que se van a adelantar las elecciones.

En lugar de “creo que se van a adelantar las elecciones”.

*Opino de que se trata de una idea excelente.

En lugar de “opino que se trata de una idea excelente”.

El dequeísmo aparece con mayor frecuencia en la expresión oral y su aparición puede deberse a varios motivos:

(1) Por hipercorrección por parte del hablante al tener miedo de cometer el error contrario (esto es, el queísmo).

(2) Por analogía con verbos que requieren de la preposición “de”, como, por ejemplo: “alegrarse de”, “darse cuenta de”, “arrepentirse de”, etc.

(3) Por influjo de la oralidad. En la expresión oral hay hablantes que tienen la tendencia a hacer uso de la preposición “de” como un marcador discursivo.

(4) Por desconocimiento de la sintaxis del español. Hay también hablantes que creen que la construcción “de que” es más formal en español.

(5) Por influjo de otras lenguas o dialectos. En ocasiones el uso de la construcción “de que” no es sino una extensión de otras lenguas o dialectos con los que convive el español.

(6) Por imitación.

Un posible truco para evitar cometer dequeísmo sería remplazar la conjunción o el nexo “que” por los pronombres demostrativos “esto”, “eso”, “aquello”. El caso contrario del dequeísmo es el queísmo en el que se puede incurrir también fácilmente si no se presta atención. Es cuando la preposición “de” se omite delante del nexo o de la conjunción “que”.

Algunos ejemplos:

*Estamos preocupados que no venga a tiempo para Navidad.

En lugar de “estamos preocupados de que no venga a tiempo para Navidad”.

*María está segura que lo logrará.

En lugar de “María está segura de que lo logrará”.

Una razón para el uso del queísmo es que el hablante no conozca de manera adecuada la sintaxis del español estándar, que tienda a simplificar la expresión en el habla haciendo una construcción gramatical más sencilla y rápida pensando que el empleo de la preposición “de” en un caso concreto no sea necesario o, como en el caso del dequeísmo, que confunda el uso de la preposición “de” con verbos que no requieren de su uso. En cualquier caso, amigo lector, tanto el dequeísmo como el queísmo son vicios del lenguaje que deben evitarse a toda costa, pues ambos, como otros muchos vicios del lenguaje, pueden afectar la claridad y precisión de nuestros mensajes, así como la percepción que poseen las personas del hablante cuando se comunica.

Cuando se utiliza el dequeísmo y el queísmo la estructura oracional se ve alterada negativamente, y puede dificultar que se entienda por completo o producir incoherencia. En ciertos ámbitos o contextos formales, el mal uso del lenguaje puede percibirse como una falta de profesionalidad o profesionalismo y de preparación académica, intelectual o educativa. La imagen que puede proyectarse de cara a los demás si se incurre en vicios de lenguaje durante una presentación oral o en un escrito formal puede, por consiguiente, ser bastante negativa. El español no constituye no solamente un sistema de signos lingüísticos como lengua, sino toda una cultura, y hablarlo bien, como cualquier otro idioma, supone respetar la propia cultura a la que pertenece y a quienes lo hablan.

Querido lector, qué placer resultar escuchar o leer a una persona que cuida el idioma español, que lo respeta, que lo mima, y que lo cincela de la mejor manera posible evitando todo error o vicio del lenguaje. Cuántas cosas podemos aprender de esas personas a través del buen uso que hace del lenguaje. Ayuda mucho, asimismo, la lectura. Resulta una experiencia extremadamente gratificante elegir un libro, especialmente uno que nos plazca y nos deleite, y sumergirnos en su lectura, navegando en él, zambulléndonos en sus misterios, haciendo que nuestro tiempo presente y real se disuelva con el fin de concentrarnos en el tiempo del libro que tengamos en nuestras manos, y de este modo, empaparnos también de la lengua y de toda su riqueza lingüística, cultural y literaria. Qué lamentable es ver a “personas” gastarse su dinero en bebidas alcohólicas o en un partido de fútbol, en lugar de gastárselo en un libro que pueda mejorar la calidad de su expresión y de su formación. Para que se quejen luego tales “bípedos implumes” con más serrín en la caja encefálica que seso y juicio, amigo lector, de que les va mal en la vida y no prosperan.

A los profesionales de los medios de comunicación les recomiendo el Esbozo de una Nueva Gramática de la Lengua Española elaborado por la Comisión de Gramática de la Real Academia Española de la Lengua en su última edición, si es posible. El esbozo aclara muchas dudas y está destinado a explicar la gramática del español de una manera más clara y concisa. Finalmente, tengamos cuidado también con emplear otros de los vicios de lenguaje que antes mencionásemos, como el cosismo, la repetición, la ambigüedad, el solecismo o anacoluto, el barbarismo, la monotonía del lenguaje y algo muy en boga entre los jóvenes bastante dados a engancharse las veinticuatro horas con sus móviles o celulares: la economía de lenguaje, pero de esto último hablaremos en una próxima columna.

*José Antonio Alonso Navarro

Doctor José Antonio Alonso Navarro

Filólogo y académico correspondiente de la Academia Paraguaya de la Lengua Española

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