viernes, enero 23, 2026
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El Estado soy yo versión siglo XXI: Trump contra el orden global

La frase «Yo soy el Estado» o, más comúnmente, «El Estado soy yo» (L’État, c’est moi), se le atribuye al rey Luis XIV de Francia (el Rey Sol) para simbolizar el poder absoluto de la monarquía, aunque probablemente sea apócrifa. Representa la idea de que el rey encarnaba al Estado y no estaba limitado por él.

Esta frase vuelve a cobrar protagonismo, esta vez de manera real y personificada en la figura del presidente Trump, y no solo en su propio país, sino extendiéndose también a otras naciones.

Entonces, ¿para qué sirven los organismos internacionales, los acuerdos comerciales entre varios países y demás instancias multilaterales, si Trump es quien decide qué vender, qué comprar y a quién?

La paranoia internacional se ha apoderado de todos los países del globo, especialmente del continente americano y europeo. El caso de Venezuela, que hoy puede considerarse un protectorado de facto de Estados Unidos, sin que las organizaciones internacionales hayan intervenido de manera efectiva, pone en debate la existencia del derecho internacional y las obligaciones de las diversas organizaciones supranacionales, así como de los acuerdos comerciales y convenios vigentes.

Lo expresado por Trump y por Marco Rubio, hoy claramente visibilizado como un potencial candidato a la presidencia de Estados Unidos en próximos períodos, refuerza la percepción de que, para ellos, el derecho internacional no importa o, directamente, no existe.

Entonces, ¿cómo queda la concepción teórica, filosófica y los principios del Derecho en estos casos? De acuerdo con algunos analistas internacionales, el derecho es una ficción, y sobre todo lo es el poder que ostentan las organizaciones internacionales. En realidad, esta afirmación no se aparta de la verdad, pues ¿qué han hecho dichas organizaciones cuando Estados Unidos ha invadido varios países del Medio Oriente, cuando sacaron de la oreja a Noriega, o en muchos otros episodios en los que EE. UU., sin ocultarlo siquiera a estas organizaciones internacionales, se ha comportado como el “sheriff del mundo”, con el supuesto fin de poner paz y orden en esos pueblos?

A la postre, nada de eso ha ocurrido y, en el mejor de los casos, esos países se están recuperando lenta y trabajosamente de las invasiones unilaterales de Estados Unidos.

Bajo esta constelación, estas organizaciones internacionales deberían, desde hoy, desmembrarse, levantar vuelo y regresar a sus países, dejando que cada nación se construya y se defienda como pueda frente al actual lobo que quiere comerse a todo el mundo. Pues si no están para defender los intereses de los pueblos miembros de esas organizaciones, no sirven para nada, y es mejor que se vayan a sus casas.

Lo cierto y la verdad actual es que:

  1. Venezuela se ha convertido de la noche a la mañana en un protectorado de los EE. UU.

  2. La amenaza directa y frontal de Trump a Groenlandia, con la intención de arrebatarle territorio delante de sus narices.

  3. Un eventual ataque a Cuba para “liberarla” del comunismo, que constituye el sueño de Marco Rubio, lo cual, al final, no estaría mal; lo que se cuestiona es el procedimiento.

Estos tres eventos ponen sobre la mesa de debate si las organizaciones supranacionales pueden combatir al nuevo Luis XIV de los EE. UU.

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