Muy contentos y acaramelados se los vio a los presidentes latinoamericanos con el presidente Donald Trump en la cumbre “Shield of the Americas” (Escudo de las Américas). Este acuerdo, que reúne a la mayoría de los países latinoamericanos, tiene como fin fortalecer la cooperación entre Estados Unidos y los países de América Latina para el combate del narcotráfico, el crimen organizado y también la migración irregular, a los que suele denominarse amenazas regionales.
El mensaje para estos países latinoamericanos, ahora miembros del Escudo de las Américas, es que sus Estados recibirán capacitación técnica, control de fronteras, operaciones o ejercicios conjuntos con fuerzas policiales y militares. Desde un punto de vista práctico, se entiende que esto podría ser beneficioso para los países latinoamericanos que por décadas no han podido salir solos del atolladero del flagelo del narcotráfico y el crimen organizado, especialmente países como México y Colombia, entre otros, que han estado fuertemente afectados por estos problemas.
Para los críticos y analistas, sin embargo, se pone en duda la soberanía de estas naciones, pues la incursión de un Estado extranjero en territorio latinoamericano con la excusa de combatir fuerzas externas podría convertirse en un nuevo atolladero, especialmente si la soberanía de esas naciones se ve comprometida ante el avance de fuerzas estadounidenses.
Otros opinan que el gobierno de Trump quiere consolidar una fuerza en Latinoamérica con el fin de asegurarse respaldo ante posibles reveses en las múltiples luchas que actualmente enfrenta su país. Como ejemplo se menciona la guerra en Ucrania y el conflicto persistente entre Israel e Irán, que algunos consideran cada vez más difícil de controlar por parte de Estados Unidos. Sin embargo, también se afirma que hay poca información clara sobre lo que realmente ocurre en esos escenarios, ya que la prensa suele ofrecer versiones contradictorias influenciadas por propaganda política.
A nivel local, Paraguay, un país conservador y pequeño de apenas siete millones de habitantes, se pliega a esta cooperación del Escudo de las Américas, quizás sin comprender del todo de qué se trata realmente. La propaganda oficial sostiene que Paraguay recibirá mucha ayuda norteamericana para combatir el crimen organizado, el narcotráfico y la migración irregular. Sin embargo, Paraguay es demasiado pequeño como para hablar estadísticamente de una migración masiva de paraguayos hacia otras latitudes, excepto durante la década de 1970, cuando hubo una importante migración hacia Argentina y otros países.
Lo curioso de esta situación es que Paraguay aparentemente estaría dentro de un acuerdo para recibir inmigrantes provenientes de Estados Unidos, es decir, personas indocumentadas o expulsadas de ese país, que pasarían a Paraguay como territorio de recepción o tránsito.
Esta es la narrativa que se divulga en distintos medios, sean privados u oficiales. Lo que no se divulga es qué piensa el paraguayo común, el ciudadano de a pie que debe llegar a fin de mes y alimentar a sus hijos. Mientras tanto, continúan los problemas de infraestructura escolar, la falta de útiles y el programa “Hambre Cero”, que según denuncias se ha convertido en un botín político para gobernaciones.
Para ilustrar la convivencia de dos realidades muy distintas, hace poco se denunció que una escolar no pudo utilizar el baño de su escuela porque debía pagar 2.000 guaraníes para usarlo, y al no tener el dinero terminó haciéndose pis encima dentro de una institución estatal.
Entonces vale preguntarse: ¿cuáles son los alcances verdaderos de esta incursión de Estados Unidos en los gobiernos latinoamericanos? ¿Qué se pide a cambio?
Habrá que esperar las primeras acciones de este grupo pactado cuando toque suelo latinoamericano, y en especial en Paraguay.

