Nuestro sistema democrático establece el «sufragio» como un deber ciudadano, secreto, personal e intransferible (Art. 118 CN). Establece, igualmente, que es «universal», es decir, todos los ciudadanos tienen el mismo derecho, sin condiciones ni restricciones. ¡TODOS LOS CIUDADANOS! Interpretación lapidaria para cualquier «método» selectivo.
Las ENCUESTAS están cargadas de vicios, cuestionamientos y sesgos por donde se la mire, pero ¿por qué? Porque contradicen la participación universal, reduciendo a un mínimo (muestreo) la intención de elegir que tenemos todos. Es selectivo y, al mismo tiempo, discrimina a cientos de miles de ciudadanos que tienen el mismo derecho (Art. 46 CN). Es arbitrario porque, según su metodología y fundamentos técnicos, llega solo a ciertos hogares, cuando miles de hogares en iguales condiciones y derechos no serán tenidos en cuenta.
Es un método que segrega a postulantes y votantes al mismo tiempo. 1.500 encuestados NO representan la voluntad de cientos de miles. En este caso puntual, para «elegir» a quien represente a la oposición, donde de hecho no están todos, fue diseñado bajo criterios y estandares de quienes son parte interesada; por tanto, se convierte en un método no confiable, pues quien es juez y parte en un sistema democrático atenta contra los derechos de terceros.
El método de encuestas realizado por terceras personas podría generar tendencias o parcialidad, puesto que vulnera la acción secreta y personal del voto. Nadie garantiza que las transcripciones sean reales, pues mucho depende del humor o condición emocional de los encargados de cargar los datos. Se vuele poco confiable y, al mismo tiempo, frágil. Es un mecanismo selectivo porque solo irá a ciertos barrios y hogares, ¿con que criterios? Por tanto, se convierte en una herramienta peligrosa de discriminación.
La premura de elegir un candidato de la oposición cuatro meses antes de lo que establece el calendario electoral y borrar del mapa a quienes pierdan perjudica enormemente el ejercicio cívico de la democracia. Todos los pre candidatos tienen el mismo derecho de proponer sus programas de gobierno, establecer ejes programáticos y debates sin ser restringidos por desiciones de cúpulas (Art. 48 CN). La encuesta es prematura porque, a ocho meses de las elecciones municipales, la figura del «ganador» puede no ser la misma, sufrir desgastes o desilusión del electorado, habiendo negado a otros potenciales pre candidatos la busqueda de sus propios posicionamientos en los tiempos que merecen cada uno.
Al mismo tiempo, la figura de una alianza presupone intenciones divisionistas a quienes no la acompañen. Ahí surge la pregunta: ¿acaso una eventual alianza significa que presenten al mejor candidato de la oposición? De ninguna manera. A lo largo de los tiempos reglamentarios pueden aparecer figuras nuevas, con discursos o proyectos que inclinen el interés del electorado.
Por tanto, este método de encuestas a destiempo (Ley 834/96) y organizadas por quienes son parte interesada se constituyen en la ante sala de un golpe a la democracia participativa, representativa y pluralista (Art. 1 CN). Una muestra de manipulación arbitraria y premura cuestionable, que levanta más dudas que aciertos. Ante este inminente error histórico, deberían los actores principales replantear lo que sería más conveniente para todos los ciudadanos de Asunción y el futuro de la ciudad, dejando de lado sus propios egoísmos y ambiciones personales, negándose a la seducción de coyunturas políticas, partidos obsoletos, concejales parásitos o parlamentarios disfrazados en sus propias falsedades.
¡La patria primero señores!: el resto muere, como mueren las ilusiones.

