«Tributos obligatorios sin garantías de contrapestación», su sola lectura traduce violencia, arbitrariedad y abuso de poder. El principio de NO AGRESIÓN establece que nadie puede ejercer coerción sobre la propiedad y libertad de otro y que el «consentimiento» es fundamental para una acción recíproca y legítima entre partes.
La propiedad es producto del trabajo de cada uno, una prolongación de su libertad y sobre la cual existe absoluta disposición y disponibilidad sin que terceros interfieran. Lo que una persona crea o produzca es una extensión de su tiempo, esfuerzo y libertad. En ese sentido, el producto de su trabajo es solo suyo y únicamente puede ser compartido cuando exista predisposición y voluntad de hacerlo. Si no, atentaría contra todo principio de legalidad (a veces lo legal no es legítimo). Si algo requiere coerción para obtenerse, no puede considerarse moralmente voluntario.
Así como ningún individuo esta por encima de los derechos de otros, el estado tampoco. «Quien controla tu propiedad controla tu libertad». Al ser los IMPUESTOS, erogaciones obligatorias no consensuadas, muchas veces excesivas y sin la plena voluntad del ciudadano, estos se convierten en una forma de agresión institucionalizada, donde el estado es parte de tu propiedad, parte de tus ingresos y parte de tu libertad. Es bien sabido que donde el Estado avanza, cobra más y controla más, el ciudadano se convierte en víctima. Siendo el Estado garante de la propiedad, derechos y seguridad del ciudadano bajo el imperio de la «ley», se convierte en copropietario, peor aún…..bajo amenaza de sanción puede incluso adueñarse (embargo) de la propiedad de quienes no cumplen. Es ahí donde los cuestionamientos de moralidad, abuso de poder y violencia se contraponen y evidencian las condiciones de desigualdad impuestas por el Estado.
¿Quién garantiza que el día de mañana el Estado no cobre impuestos por tu libertad o tu vida?, so pretexto de soberanía, «protección» o simplemente por instalar políticas ambientalistas de purificación del aire que respiramos. Ya el principio de PROPIEDAD ha sido vulnerado por el estado, faltaría más que nos cobren por protegernos y permitirnos ser libres…!!!.
Los impuestos son inmorales porque se obtienen mediante la violencia, sin consentimiento de las partes y bajo amenaza de expropiación. Son inmorales porque vulneran la voluntad y se incrementan sin participación efectiva del ciudadano. Un contrato sin posibilidad de rechazo no es un contrato, es una imposición. Los impuestos son herramientas de castigo económico, disciplinamiento verticalista y expansión indefinida del aparato estatal. En términos efectivos, los impuestos no reflejan la calidad de los servicios, ni la proporcionalidad del intercambio. Pagar por un servicio ineficiente, a veces ausente viola toda interpretación que pretenda justificarlo.
Se entiende que en un contexto de vida en sociedad los individuos deben entregar «voluntariemente» parte de lo suyo para recibir servicios. Pero……¿por qué a través del Estado..?, en forma obligatoria y no consensuada..?, ¿por qué no a través de otras figuras que ofrezcan lo mismo (educación, salud, seguridad, servicios etc.), tal vez a menor costo y más efectivas. Son estos y muchos más los argumentos que desnudan la arbitrariedad y discresionalidad de los impuestos.
Es ahí donde el ciudadano, dueño absoluto de su LIBERTAD, VIDA Y PROPIEDAD debería hacerse estas preguntas para poder entender, cuestionar o interpelar al sistema. Peor aún y causa más rechazo, bronca y hasta nauseas cuando un Estado como el nuestro, que sobrevive con el aporte de todos, que se arroga virtudes sin mirar sus defectos, que sostiene un esquema de prebendas y somete nuestros derechos y dignidades. Un Estado que discrimina a sus ciudadanos y premia corporaciones con dinero público.
¿Merecemos seguir siendo sometidos o deberíamos replantearnos nuestra propia existencia? Ojalá un día nuestros cuestionamientos reflejen verdaderamente lo que somos: ¡LIBRE!

