Mi querido lector, mi querida lectora, Oráculo manual y arte de prudencia es una obra escrita por el jesuita español Baltasar Gracián en 1647. Se trata de una obra que hace acopio de trescientos (300) aforismos comentados. Los aforismos han sido siempre del gusto del público de todas las edades y de toda condición social, de modo especial porque se erigen como frases que expresan en pocas palabras (algo que fascina a los escritores conceptistas) una idea profunda, una sabia reflexión o una enseñanza de vida tan útil como provechosa. Estos se leen, por consiguiente, de una manera muy rápida, poseen algo interesante que decir desde el punto de vista conceptual y didáctico, y tratan de transmitir o portar una verdad “indiscutible” y “categórica”.
En ocasiones, estos mismos aforismos se caracterizan por su ingenio, gracejo y donaire. En verdad que Gracián, cuando comenzó a escribir el libro, sabía que iba ser bastante exitoso, aunque, quizá, no tanto como el que él esperó en vida. Las obras que conllevan algún tipo de enseñanza suelen agradar a los lectores, y esta obra del jesuita español del siglo XVII se enmarca perfectamente en la literatura didáctica porque trata de enseñar a los lectores a través de los aforismos escogidos con sumo cuidado y esmero, o a aconsejarlos para que sean sagaces, inteligentes y prudentes siguiendo la tradición de “espejos de príncipes”.
Los “espejos de príncipes” constituían un género literario medieval y renacentista que pretendía enseñar a los gobernantes cómo debían conducirse a la hora de gobernar sus reinos, ducados, repúblicas y naciones. El nombre era simbólico, dado que el espejo servía como una metáfora de un libro en el que el gobernante debía contemplarse o verse reflejado como un modelo ideal de gobernante. Los “espejos de príncipes” contenían consejos morales y políticos y mostraban las virtudes y cualidades morales que debía poseer un buen gobernante, por ejemplo, justicia, prudencia, fortaleza, valentía, templanza, generosidad, inteligencia, etc.
Me imagino, querido lector, querida lectora, que en la cabeza tienes El príncipe, de Maquiavelo o De regimine principum (dedicado al rey de Chipre en su momento), de Tomás de Aquino. Así pues, el libro de aforismos de Gracián no dista mucho de tales obras medievales y renacentistas encuadrados en los “espejos de príncipes”, pues perseguían lo mismo: formar y enseñar a sus lectores a comportarse en la vida de manera virtuosa, prudente e inteligente.
La obra Oráculo manual y arte de prudencia se publicó en Huesca en el año 1647 bajo el pseudónimo de Lorenzo Gracián, evidentemente para evitar cualquier tipo de censura. La estructura de esta obra es algo peculiar y seguramente responde al hecho de que se trata de una obra que abarca aforismos a diestro y siniestro. Sus 300 aforismos están numerados, y cada uno de ellos hace gala de una sentencia breve y de un comentario que desarrolla la idea central de la sentencia. Por otro lado, no se divide en capítulos temáticos formales, más bien los aforismos siguen un orden progresivo en los que se abordan distintos aspectos de la prudencia, como el autocontrol, el empleo de la inteligencia y la discreción, el manejo del poder, etc.
El estilo de los aforismos es claramente conceptista (al uso del siglo XVII), un estilo que suele caracterizarse por su brevedad, ingenio y capacidad para condensar en pocas palabras una enseñanza profunda y digna de aprenderse, recordarse y aplicarse. Además, la mayoría de los aforismos llevan la perífrasis verbal “saber + infinitivo”, lo cual ya nos dice que tales aforismos actúan como normas de conducta y saberes prácticos para la vida diaria. Tengo entendido que los jesuitas siempre han sido muy prácticos en general, y que han abogado a lo largo de su historia por la utilidad del saber y su aplicación práctica en toda suerte de contextos en la vida.
Baltasar Gracián afirmaba que todo conocimiento debía estar orientado a “saber vivir”, y que la inteligencia consistía en saber salir airoso de cualquier situación, y hablaba de dos tipos de conocimiento: (1) el conocimiento que no es práctico, sino “extraordinario”, que es básicamente el que acumulan los sabios, y (2) el conocimiento “ordinario” y practico, que sirve para saber vivir. Tal manera de pensar atrajo el interés de los empresarios norteamericanos por este libro, considerando el hecho de que estos han sido siempre muy prácticos y pragmáticos.
Los empresarios y hombres de negocios vieron en el libro del jesuita español un pozo de sabiduría práctica y un caudal enorme de pragmatismo para salir airosos de los problemas cotidianos en la vida y triunfar y tener éxito en ella haciendo uso de la perspicacia, sagacidad e ingenio. Cuando llegó al mundo anglosajón en la década de los 80 una de las últimas traducciones al inglés de esta obra de Gracián con el título de The Art of Worldly Wisom: A Pocket Oracle, la obra se volvió un auténtico éxito de ventas que continuó ininterrumpidamente hasta los años 90.
Los empresarios norteamericanos se volvieron locos de entusiasmo y vieron en ella un manual práctico que enseña a actuar en el complejo mundo de la empresa y de los negocios. La obra llegó a vender con una rapidez pasmosa más de cincuenta mil ejemplares, convirtiéndose de este modo en un libro de autoayuda para ejecutivos agresivos y competitivos y los “tiburones” de los negocios y corporaciones más grandes de los Estados Unidos. Pero, ¿qué encontraron más específicamente todos estos artífices de negocios, empresarios, inversores y hombres de negocio en el libro de Gracián que realmente les sirvió para encauzar mejor sus vidas en lo personal y en lo empresarial?
Bueno, lo primero la facilidad y la rapidez con la que puede leerse el libro; lo segundo, su estructura sencilla en forma de aforismos; lo tercero las enseñanzas tan útiles y provechosas que albergan los aforismos acerca de cómo manejar el poder; cómo tratar con rivales; cómo forjarse una reputación sólida; y cómo actuar con prudencia y astucia; lo cuarto, la rapidez de su aplicación a contextos de ámbito empresarial; lo quinto, la facilidad que resulta memorizar los aforismos; y lo sexto, la carga motivacional que muchos aforismos despliegan.
Recuerdo con vívida lucidez cuando yo me encontraba por entonces (años 80) en los Estados Unidos, la locura y el entusiasmo que suscitó la publicación del libro de Gracián. Yo fui testigo intrahistórico en persona de cómo muchos hombres de negocios y empresarios leyeron el libro como si se tratase de un manual o de una guía personal que podía aplicarse perfectamente al mundo de los negocios y de la empresa. Hasta me atrevería a decir que tuvo tanta popularidad como El arte de la guerra de Sun Tzu, libro que también había resultado ser del gusto de los empresarios norteamericanos durante mucho tiempo.
El libro de Baltasar Gracián encajó muy bien en los años 80 y años posteriores porque en ese momento estaban muy en boga en los Estados Unidos las fusiones de grandes grupos corporativos, las películas de Hollywood sobre el mundo empresarial y sus entresijos y entretelas, la cultura empresarial en torno a Wall Street, un sentido de la competencia muy agresivo y las miras de los jóvenes ambiciosos y emprendedores puestas en el éxito y el poder en los negocios.
¿Te acuerdas, querido lector, querida lectora, de esa película titulada precisamente Wall Street? Me imagino que sí. Se trata de una película norteamericana de 1987 dirigida por el afamado director cinematográfico Oliver Stone y protagonizada por dos grandes figuras icónicas del cine: Michael Douglas y Charlie Sheen. La película comienza con Bud Fox (interpretado por Charlie Sheen), un joven corredor de bolsa de valores que trata de abrirse camino en Wall Street. En una ocasión conoce a Gordon Gekko (interpretado por Michael Douglas), uno de los grandes magnates de las inversiones, de quien descubre que solo se trata de un hombre sin escrúpulos al que solamente le importa el dinero. Esta no fue la única película del género, sino una de muchas tantas que se hicieron antes y después de Wall Street, como, por ejemplo, Trading Places (1983), Risky Business (1983), The Secret of my Sucess (1987), Boiler Room (2000), American Psycho (2000), The Wolf of Wall Street, etc.
En este contexto tan agresivo dominado por las ansias de éxito, de dinero y de poder se publicó y se vendió como la pólvora Oráculo manual y arte de prudencia de Baltasar Gracián (1647). El estilo de esta obra es directo, conciso, realista y eminentemente pragmático. Lo que está haciendo el jesuita en el libro no es moralizar ni compartir moralinas, sino contar cómo son las cosas en la vida real, hecho este que arraiga muy bien en el concepto de executive wisdom y en los libros de autoayuda personales.
La primera vez que leí el libro fue cuando estaba estudiando mi bachillerato en letras puras en un colegio católico de Madrid y, aunque no valoré el libro en dicho período de mi vida como debiera haberlo hecho tal como lo valoro ahora, sí que puedo afirmar en justicia que me pareció muy rico en enseñanzas varias.
Estas enseñanzas estaban encaminadas a ayudar a los lectores a ser más prudentes, a instruirlos a tener autocontrol y no dejarse vencer ni derrumbarse en la adversidad, y a enseñarlos a gestionar mejor su imagen personal y a actuar con más astucia en ciertas situaciones estratégicas. Lamentablemente, que yo recuerde, en España el libro no salió de los círculos académicos ni trascendió más allá de los contextos educativos y literarios; sin embargo, en los Estados Unidos, como digo, el libro fue un bombazo y aún lo sigue siendo a juzgar por el número de ediciones vendidas desde los años 80 hasta la fecha presente. Lógicamente, el marketing, la publicidad y las circunstancias ayudaron mucho a la difusión del libro en los Estados Unidos y a su éxito de ventas, pues los editores norteamericanos publicaron el libro en un momento en el que la cultura competitiva empresarial estaba en su máximo auge en los Estados Unidos, y supieron presentarlo y edulcorarlo como una obra práctica y divulgativa o didáctica, y no como una obra clásica propia de la literatura barroca europea del siglo XVII.
Entre los consejos prácticos que contiene el libro de Gracián están los de no mostrar tan de inmediato lo que sabemos sobre un asunto o tema determinado o los de no revelar tan pronto nuestras cartas. Asimismo, aconseja evitar hacer público en un contexto empresarial nuestros planes, objetivos o intenciones, lo cual casa bastante bien con una máxima esencial en los negocios: “La información es poder”. Y por si esto fuera poco, Baltasar Gracián aconsejaba, asimismo, cuidar la imagen personal considerando que puede ser más importante la manera en la que se nos percibe como personas que lo que realmente somos o, en otras palabras, no solamente hay que ser sino parecerlo. Y ahora aquí te presento, querido lector, querida lectora, sin más preámbulo, algunos de sus aforismos más populares para que juzgues por ti mismo su sabiduría y practicidad en situaciones claves de la vida cotidiana:
“Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Este aforismo insta a las personas a hablar lo justo, y que la información desplegada sea relevante. Obviamente, aplicado este aforismo en el contexto de los negocios quiere decir que hay que ir al grano, obviando todos los detalles innecesarios o la información no significativa para un fin específico.
“Conócete a ti mismo y vencerás”. Este aforismo enseña la necesidad, nos guste o no, de conocernos o aprender a conocernos a nosotros mismos con el fin de saber cuáles son nuestras fortalezas y cuáles nuestras debilidades para que dejemos sin traumas ni conflictos aquellas tareas que no podamos asumir con la eficacia exigida a aquellos que lo puedan hacer mejor. En otras palabras, Gracián aconseja la necesidad de delegar y saber delegar en otros, y no querer acapararlo ni centralizarlo todo en uno mismo.
“La prudencia es la madre de la seguridad”. El aforismo está muy claro en su brevedad y concisión. Antes de actuar hay que meditar muy bien lo que se va a hacer. Y si nos encontramos en un entorno de negocios o en un momento clave de negociación hay que sopesar muy bien lo que se va a hacer antes de tomar una decisión que resulte en un final no deseado.
“El que mucho promete, poco cumple”. Este aforismo es uno de los más populares y estimados entre los empresarios norteamericanos. Nunca hay que crear falsas expectativas ni prometer cosas que después no van a poder cumplirse en un mundo real lleno de complejidades donde cualquier cosa imprevista o contingencia inesperada puede ocurrir. Cumplir y llevar a efecto lo que se ha prometido en un contrato o en una negociación genera confianza y credibilidad entre los hombres de negocios.
“A quien sabe poco, le basta hablar; a quien sabe mucho, le basta callar”. Esta es una de las sentencias que más me agradan. En una reunión hablar demasiado puede hacer que se incurra en algún error grave que ponga en peligro una negociación o una estrategia, o que se revela involuntariamente alguna información que precisa en ese momento no ser revelada. Saber callar y observar es importante, pues la discreción obtiene frutos a corto, mediano y largo plazo.
“Más vale ser temido que amado, si no puedes ser ambas cosas”. Este aforismo es ciertamente interesante y digno de reflexión. Mi opinión es que, en un contexto de negocios, es oportuno y conveniente granjearse siempre que se pueda el respeto entre los miembros de otro grupo empresarial, corporación o compañía que represente la competencia en un sector determinando, aunque no siempre se logre un acuerdo con la parte contraria en una negociación.
“A lo que no saben mandar, los gobiernan los que sí saben”. Este aforismo es otro de los más nítidos y prácticos. El liderazgo en cualquier grupo, sociedad, empresa, colectivo o institución es fundamental. Hay que cultivarlo junto con el carisma personal. Y si ese liderazgo está apoyado por experiencia, preparación intelectual y formación universitaria, mejor que mejor. Los hombres de negocios que triunfan son aquellos que toman la iniciativa y conocen lo mejor de sus subordinados en materia de fortalezas para saber encauzarlas en los negocios emprendidos lo mejor posible. El buen líder es aquel que sabe motivar a sus subordinados y recompensarlos llegado el momento para que se sientan valorados en la empresa.
“La ocasión hace al ladrón”. Esta es una máxima digna de tener en cuenta. ¿Cómo podría llevarse al contexto de los negocios? Bueno, pensando, quizá, que hay que aprovechar las buenas oportunidades cuando llegan y actuar en consecuencia a favor del empresario, hombre de negocios, ejecutivo o inversor.
Y un último aforismo, pues el libro de Baltasar Gracián es fácil de conseguir en un mercado tan global como rápido en las comunicaciones y recursos tecnológicos. “El tiempo es un gran maestro, pero desgraciadamente mata a sus discípulos”. Es evidente también que el sentido de este aforismo nos invita a ser pacientes y a valorar el tiempo adecuadamente a la hora de tomar una decisión clave.
Querido lector, querida lectora, Oráculo manual y arte de prudencia es un libro didáctico, útil, beneficioso y provechoso que nos enseña como lectores sagacidad, astucia, prudencia e inteligencia en un mundo harto taimado y ladino. En él, creo que esto lo diría el propio Baltasar Gracián, vamos a encontrar una fuente de conocimientos y un oasis de consejos listos para aplicar atemporalmente en este mundo. A los que son empresarios y hombres de negocios exitosos los ayudará, sin duda alguna, como así ha sido desde su publicación, a mejorar sus estrategias, a actuar con más inteligencia en sus emprendimientos y proyectos empresariales, y a convertirse en mejores líderes dando la mejor versión de sí mismos. Así se lo deseo siempre y cuando estos no se alejen de los valores éticos ni de los principios morales que rigen y guían toda conducta honesta y proba en cualquier actividad emprendida.
Amigo lector, amiga lectora, si tú también deseas ser más versado en prudencia, discreción, comunicación eficaz, autocontrol, paciencia, gestión del tiempo, liderazgo inteligente y muchas otras virtudes, este puede ser, sin lugar a dudas, tu libro de cabecera como lo es de los empresarios y ejecutivos más competitivos en los Estados Unidos y por qué no, del mundo entero.
*Doctor José Antonio Alonso Navarro
Filólogo y académico correspondiente de la Academia Paraguaya de la Lengua Española

