viernes, enero 23, 2026
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Religión y política en Paraguay: ¿Cooperación constitucional o confusión institucional?

La participación del presidente Santiago Peña, el vicepresidente y otros exponentes del actual gobierno en la celebración de los 40 años de la iglesia Centro Familiar de Adoración (CFA) causó revuelo en el ámbito público.

Desde el punto de vista constitucional, no existe ningún reparo en que miembros o referentes del ámbito político, actualmente ligados al gobierno, puedan demostrar su fe en cualquier religión registrada en el país. bacn.gov.py

Esto se debe a que la Constitución Nacional establece que el Paraguay es un país aconfesional, es decir, que no posee una religión oficial. Además, el Estado reconoce y garantiza la libertad de cultos, y lo esencial de este artículo constitucional es que el Estado promueve la cooperación con la Iglesia Católica, debido a que el catolicismo es una religión dominante y mayoritaria dentro de la población paraguaya. bacn.gov.py

En este punto, la cooperación del Estado con la religión católica tiene aristas muy importantes, pues mantiene un vínculo con la historia misma de la nación, desde su fundación hasta nuestros días. Con el transcurrir del tiempo y el desarrollo interno y endógeno de la cultura paraguaya, se han ido insertando diversas religiones paralelas al catolicismo, como el judaísmo, el protestantismo, la religión musulmana, entre otras.

La religión que más éxito ha tenido en instalar sus creencias en el país es la iglesia evangélica, impulsada principalmente por pastores estadounidenses que realizaban sus shows de “curación” y “salvación de almas” a través de los medios televisivos y toda una parafernalia dirigida a captar fieles pobres, enfermos o alejados de Dios.

Uno de ellos fue el famoso Jimmy Swaggart (en las décadas de 1960, 1970 y 1980), quien alcanzó gran popularidad en América, especialmente en Estados Unidos. Sin embargo, este personaje fue posteriormente acusado de estar involucrado con prostitutas, lo que hizo que su fama decayera drásticamente y, en consecuencia, sus ingresos millonarios también disminuyeran.

A nivel local, las religiones fuera del catolicismo han ganado terreno entre ciertos gobernantes, como el caso de Nicanor Duarte Frutos con la iglesia Raíces, un grupo evangélico menonita. Esta situación generó fricciones con la iglesia católica en su tiempo. Durante el gobierno de Horacio Cartes, hubo un acercamiento hacia el judaísmo; en una visita a Israel, mencionó: “Israel está en el corazón de los paraguayos”.

Actualmente, en el periodo presidencial de Santiago Peña, se observa una vinculación con dos corrientes religiosas:

  1. El judaísmo: En abril de 2025, Peña fue distinguido con el premio “Gesher Award” por el American Jewish Committee (AJC) por su “apoyo inquebrantable a la comunidad judía y al Estado de Israel”. AJC
  2. El evangelismo, a través de la iglesia Centro Familiar de Adoración (CFA): En junio de 2025, Peña promulgó la ley que crea la Universidad Centro Familiar de Adoración (UCFA), que ofrecerá carreras de teología y trabajo social con valores cristianos. ABC Color

En este contexto, aún no se puede discernir con certeza si el presidente Peña tiene mayor afinidad con el judaísmo o con el evangelismo. Sin embargo, dado lo ocurrido recientemente y su apoyo visible hacia Israel, se puede inferir que la religión judía ocupa un lugar significativo en su mapa de relaciones religiosas, lo cual sitúa al catolicismo tradicional —cultura mayoritaria del pueblo paraguayo— en una posición más marginal dentro de ese vínculo personal-político.

Con este breve preámbulo, se puede inferir que existe el riesgo de mezclar el Estado con una fe religiosa. Si referentes del gobierno y otros actores del poder forman parte y participan públicamente en eventos religiosos, se corre el peligro de que el Estado se identifique con una confesión específica. Como se mencionó anteriormente, la religión católica mantiene una relación de cooperación con el Estado, pero no debe confundirse con una dependencia institucional.

La experiencia nos enseña que, en ocasiones, políticos cercanos al poder se vinculan con agrupaciones religiosas no con el fin de salvar almas, sino para fortalecer sus intereses personales y económicos al estar rodeados de líderes políticos con religiosos influyentes.

Esta imagen podría verse reforzada si el presidente hiciera lo mismo con todas las religiones registradas en el país, como los mormones, los judíos, los pentecostales, los ortodoxos, los adventistas, entre otras.

Por lo tanto, se puede inferir que este acercamiento está más relacionado con intereses políticos que con una verdadera intención de promover valores espirituales. Los líderes de estas agrupaciones religiosas y los políticos que se vinculan con ellas pueden verse beneficiados mutuamente.

Desde mi perspectiva, el presidente debería proteger más la investidura que le otorga la Constitución y evitar exponerse públicamente a favor de una u otra religión, pues la separación entre iglesia y Estado debe ser clara y contundente.

La ecuación es simple: respetar la Constitución y punto. No es tan difícil.

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