domingo, marzo 15, 2026
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La seducción musical del poema «Hazme un sitio a tu lado», de Juan Manuel Marcos

Querido lector, querida lectora, Hazme un sitio a tu lado, un poema escrito en 1970, constituye uno de los mejores poemas escritos en lengua española, esto ya lo he dicho y dejado escrito en varias ocasiones. Este poema tan melodioso y musical forma parte del libro Poemas y canciones (en sus ediciones de 1987 y 2015), libro que recoge poemas compuestos a lo largo de la década de los años 70 y 80, respectivamente, y que responde a distintos estados espirituales y emocionales de su autor. A pesar de los años transcurridos este poema no ha perdido vigencia, por el contrario, sigue resonando cada vez con más fuerza por su intensidad lírica allí donde se recita o se canta, y por su vigor musical, universalidad y hondura de sentimiento.

La sencillez de su cuerpo o la parquedad de su estructura y la ambigüedad que lo adorna hacen que cale profundamente en los entresijos de quien lo declama y en las vísceras de quien lo escucha, ya sea en la soledad de un páramo desolador o en la cálida compañía de otro ser humano sensible y propenso a la belleza de la poesía. No hay quien no se conmueva al escucharlo, le asome una lágrima cristalina a los ojos, o lo transporte al pasado para rememorar algún hecho de vital importancia en su vida. Su ritmo, musicalidad, melodía, cadencia y flujo melódico hacen que continúe perdurando en el tiempo y transcienda los límites geográficos. Los críticos ingleses tienen un adjetivo muy preciso que aplican a aquellas obras que han perdurado en el tiempo y que, creo, merece sacar a colación y aplicarlo aquí: enduring.

Este es un poema para ser recitado con calma, sin prisas, sosegado, muy sosegado, lejos, si cabe, del mundanal ruido, de todo aquello que pueda perturbar su declamación sagrada o sacra, en armonía con el universo y en equilibrio con las fuerzas internas del ser y la mecánica externa de la naturaleza. Este es un poema que invita a quien lo escucha a la meditación, a la contemplación de sus estados psicológicos y emocionales más profundos. El poema es como un mantra, pues posee claves especiales y tonalidades diversas que responden a distintas maneras de sentir del poeta y que tratan de hacer aflorar por igual distintas emociones en el lector. Sí, lo afirmo y lo reafirmo, mi querido lector, mi querida lectora, Hazme un sitio a tu lado es como un mantra. Esto es algo que he podido comprobar en las ocasiones que lo he recitado.

Me explico. Siempre que leo el poema en mi mente o lo recito en voz alta para mí o para un público presente se generan una serie de vibraciones energéticas sonoras que conducen a diversos estados emocionales, haciendo que salgamos del mundo visible y material y nos adentremos en el reino de lo invisible, espiritual, mágico y sensorial, trascendiendo toda lógica y toda razón.

El poema, al igual que un mantra, no solamente posee palabras, sino vibraciones musicales, sonoras, rítmicas y melódicas, que tienen el poder y la fuerza de afectar al cuerpo, a la mente, al espíritu y al alma. Cuántos más leemos y escuchamos este poema, más nos inclinamos también hacia nosotros mismos, hacia lo más profundo, prístino y recóndito de nuestro interior. Con su repetición activamos la palanca de la introspección emocional y rememoramos sensaciones del pasado que permiten que no olvidemos quienes fuimos años atrás, dónde y cuándo estuvimos, qué es lo hicimos entonces y con quién. Al mismo tiempo, la magia musical que contiene el poema produce una resonancia que nos calma y alivia en la nostalgia y en el recuerdo, y nos abre el sendero hacia la búsqueda fluida de lo inconsciente y de quién somos realmente.

Cada palabra en el poema, cada sonido, cada sílaba, encierra música y cadencia, y contiene la energía suficiente como para afectar a nuestra propia energía de manera positiva. Y como en el caso de los mantras que no solamente se recitan, sino que pueden cantarse, el poema Hazme un sitio a tu lado, además de poder recitarse, se ha cantado y musicalizado en varias ocasiones generando sentimientos diversos entre los oyentes, envolviéndolos en estados de profunda ensoñación, y haciendo posible, por qué no, la unión de lo espiritual con lo material, de lo platónico con lo carnal. Las vibraciones, por lo tanto, que genera el poema al recitarse o al cantarse son intensas, y conectan a las personas con su “yo” interior más puro y primigenio en busca de iluminación y autoconocimiento.

El juego silábico de sus versos es innegable y contribuye a la mecánica musical y a los juegos rítmicos del poema. Este es un poema temporal y atemporal: temporal porque fue escrito en un tiempo, en una época en la que el poeta busca refugio en una persona física amada o en una patria constreñida por el yugo de la dictadura; y atemporal porque se lea donde se lea y lo lea quien lo lea, siempre podrán extraerse del él otros prismas, otras ópticas y otras transmutaciones alquímicas interiores. Juan Manuel Marcos ha sabido elaborar la musicalidad y la cadencia del poema magistralmente, tal como lo hacían los antiguos griegos y los antiguos romanos jugando con el pie, que puede definirse como la unidad métrica cuantitativa de un verso, formado por un reducido número de sílabas largas y breves (de dos a cuatro) que hace posible un juego muy interesante y creativo entre diversas sílabas largas y breves. Y entre todas las combinaciones posibles que existen en poesía clásica greco-latina de pies métricos: dáctilos, anfíbracos, anapestos, troqueos, yambos, espondeos, pirriquios o díbracos, el poeta, artesano de la palabra creadora, opta por la elección de (1) troqueos (– u), que es el pie métrico que posee una sílaba larga seguida de otra corta, (2) anapestos (uu), que engloba en su ser dos sílabas breves seguidas de una sílaba larga y (3) yambos (u–), que combina una sílaba breve seguida de una sílaba larga.

Esta excelsa combinación entre troqueos, anapestos y yambos contribuye a la forja de una sonoridad musical y candente que rezuma desde el principio del poema hasta el final. Veamos el juego entre troqueos, anapestos y yambos:

  • Troqueos: hazme, sitio, lado, largo, tibio, manos, pelo, pena.
  • Anapestos: paralelo, recuerdo, horizonte, encendi
  • Yambos: anhelos, secretas, caricia, gorje

Y además de este armazón musical y rítmico a base tres tipos diferentes de pies métricos, este poema tan musical está apoyado por una orquesta de elementos sonoros adicionales que refuerzan su musicalidad y melodía. Hablamos de las aliteraciones que son muy efectivas a la hora de imitar sonidos y producir sensaciones físicas y emocionales en los oyentes. Estas constituyen, así pues, uno de los recursos sonoros más poderosos en el lenguaje poético al enriquecerlo tanto en su estructura formal como en su fondo.

Como las aliteraciones consisten en la repetición de un mismo sonido o de grupos de sonidos, estas crean un juego sonoro que incide en el poema donde aparecen y una musicalidad especial que contribuye a la hora de aportarle ritmo y fluidez. Por otro lado, muchas veces esta repetición de sonidos (consonánticos) recrea una cadencia que hace que la lectura sea armónica y placentera al tiempo que refuerza el contenido del poema. La consonante fricativa sorda “s” recrea mundos que evocan el sonido del mar, del viento, de un beso, de un susurro, de un suspiro o del silencio; las consonantes nasales “m” y “n” y la consonante líquida-lateral “l” fomentan, sin embargo, sensaciones vinculadas a la dulzura, al amor o a la nostalgia.

La consonante “l” es líquida porque se articula de manera fluida sin que el flujo de aire se vea interrumpido o alterado de manera brusca. Al pronunciarse la “l”, el aire fluye por los lados de la lengua mientras esta está en contacto con el paladar. No hay ninguna duda tampoco de que la repetición de un sonido puede llamar la atención sobre la idea o imagen principal del poema y hace posible ciertos escarceos con otros recursos literarios. Recordemos que las aliteraciones tienen su raíz en la tradición poética oral y que estas servían como elemento que destacaba imágenes, ponía de relieve sensaciones, y posibilitaba recordar el poema, sus estrofas y sus versos con mayor facilidad y naturalidad.

El poema Hazme un sitio a tu lado contiene aliteraciones que contribuyen a crear distintos tipos de emociones o sensaciones, como la de la nostalgia que induce al acto del recuerdo y a la búsqueda de la memoria. El empleo de las consonantes nasales “m” y “n” es muy sintomático porque imita claramente el sonido de un gemido del poeta que se duele ante algo o ante alguien y que comparte con un ser amado (una mujer o la patria), el sonido de alguien que ha muerto en agonía (“muertos”), la angustia del propio poeta o una confesión de amor (“te amo”).

Hazme un sitio a tu lado paralelo al recuerdo,

largo como un horizonte encendido de anhelos,

tibio como una caricia de tus manos secretas,

mío como el gorjeo torrencial de tu pelo. 

Hazme sitio a tu lado donde acostar mi pena,

refugio del dolor, amparo del combate,

donde olvide a los muertos: 

toda mi angosta historia y mis heridas,

la espiral del deseo y toda una cordillera de memorias. 

Hazme sitio a tu lado para estar a tu lado

y junto a ti mirar con la misma mirada, 

junto a ti desangrarnos desde las mismas venas

y modelar la patria con aires populares: 

una misma alegría para los mismos hijos. 

Hazme sitio en tu lecho donde cabe mi angustia,

hazme sitio en tu alma donde guardas mis besos. 

Yo quiero hacer de ti un pájaro o un canto,

y a veces decirte que te amo.   

Las consonantes “p” y “s” respectivamente refuerzan a las consonantes nasales en la creación de musicalidad, cadencia, ritmo y flujo melódico y a la hora de recrear (o reproducir) sensaciones varias que manifiesta el poeta a lo largo del poema. En este caso la “s” evoca suspiros, susurros, el sonido de un beso o cierta agitación moderada. Y a estas aliteraciones contribuyen, además, otros recursos estilísticos que añaden ritmo y musicalidad al poema:

  • Repeticiones: lado… lado / misma…misma.
  • Anáforas: Hazme (un) sitio.
  • Paralelismos: en tu lecho / en tu alma.
  • Metáforas: la espiral del deseo / una cordillera de memorias

A todo lo anterior añadimos que el poema presenta una estructura muy interesante que va subiendo en tensión lírica y emocional a medida que se va deshilvanando: la primera estrofa marca un contexto de anclaje o referencia; la segunda inicia el desarrollo del poema en cuanto el poeta abre su pecho y lleva a cabo el comienzo de su liberación emocional; la tercera consolida y petrifica la idea central del poema en un tono más optimista que la anterior; y la cuarta y última concluye o marca en una especia de volta o giro el final del poema. En el mismo el poeta se dirige íntimamente y en torno de súplica o ruego a quien parece ser una persona muy especial para él: una mujer o la propia patria teniendo en cuenta el contexto histórico y político en el que fue compuesto el poema: 1970.

En ese año Paraguay estaba gobernado bajo un régimen de dictadura por el general Alfredo Stroessner, el cual fue presidente de facto del país desde 1954. Su gobierno estuvo caracterizado por una fuerte represión política, censura, férrea persecución a cualquier oposición política y una estructura de poder centralizada que estuvo vigente hasta 1989. El joven poeta Marcos entonces no dudó en hacer uso de su exquisita pluma para oponerse al régimen stronista y criticar las vejaciones producidas durante el mismo, al tiempo que soñaba con una nueva patria acariciada por vientos de libertad y unida por ideales comunes. El prestigioso hispanista norteamericano Tracy K. Lewis hizo la traducción del mismo en la versión bilingüe de Poemas y canciones de 2015 con el título de Make a place at your side.

Make me a place at your side, parallel to memory,

laid out like a horizon hot with longing,

warm like a caress from your secret hands,

mine like the singing torrent of your hair. 

Make me a place at your side in which to lay my pain,

a refuge from grief, a haven from combat,

in which to forget the dead: 

all my narrow history and my wounds,

this spiral of desire, these heaped-up mountains of remembrance. 

Make me a place at your side to be at your side,

and beside you to fuse my gaze with yours,

beside you to watch the confluence of our blood from the same veins,

to mold our country with the people’s songs: 

the same joy for the same children. 

Make me a place in your bed to contain my anguish,

make me a place in your soul for the safekeeping of my kisses.  

I wish to fashion birds and singing from your flesh, 

and tell you sometimes that I love you. 

Queridos lectores, empapaos de la seducción musical, lírica, poética, transcendental, espiritual, humana, melódica, profundamente melódica del poema Hazme un sitio a tu lado, el cual te cantará al alma con encanto y te llenará el espíritu de notas y claves, de sonidos y sonoridades que harán que aprecies más con música y seducción el valor de eso que llamamos RECUERDO.

Hazme un sitio a tu lado paralelo al recuerdo…

*Doctor José Antonio Alonso Navarro

Filólogo y académico correspondiente de la Academia Paraguaya de la Lengua Española

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